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En 1776, Georg Wilhelm Friedrich Hegel, a los 6 años, enfermó de viruela, quedándose ciego durante una semana y dejando su cuerpo marcado de por vida. En 1781, sobrevivió dificultosamente a una fiebre que se llevó por delante a su madre. Hegel tuvo que superar diversas enfermedades graves (también contrajo la malaria en su adolescencia) antes de llegar a la edad adulta. Durante sus largas temporadas en cama devoraba todo lo que se pudiese leer, desde novelas a revistas, pasando por tratados filosóficos y artísticos o periódicos. Su padre era un burócrata de la Oficina Provincial de Impuestos, cuyas costumbres conservadoras y sistemáticas afectaron sobremanera a aquel joven al que ya antes de los 20 años era apodado ‘el viejo’ por su obsesión compulsiva por el estudio. La semilla de la dialéctica hegeliana estaba plantada, sólo había que esperar a que creciese.

 

En 1981, con 15 años, J.J. Abrams asistió a un preestreno de “1997: Rescate en Nueva York” junto con su padre (el productor televisivo Gerald W. Abrams). Tras ver aquel primer montaje del film de John Carpenter (admirado por Abrams, el cual, al igual que su ídolo, también ha hecho sus pinitos en la música, con composiciones para las series “Felicity”, “Alias”, “Fringe” o el film “Misión Imposible III”), el jóven Abrams sugirió al director que había que mostrar más claramente que el personaje interpretado por Adrienne Barbeau moría. En el montaje final, Carpenter añadió un plano en el que se ve a ésta muerta bajo el morro del coche que la ha atropellado. Aquel chico, cuyo padre se codeaba con la gente del cine y que ya participaba como técnico de sonido en baratas producciones de serie Z destinadas a las arcas de la Troma, fue al año siguiente a ver “E.T., el extraterrestre” al cine, el primer paso de la gestación de “Super 8” estaba dado.

 

TESIS:

 

La revolución dialéctica de Hegel afectó profundamente al modo de hacer Filosofía, un cariz profundo y grave se adueñó de todo. La dialéctica como teoría de los contrapuestos se basa en la aceptación de una determinada concepción (Tesis), la exposición de los contras que esta conlleva (Antítesis) y la propuesta de una resolución o superación de los problemas (Síntesis). El éxito fue arrollador, influyendo en generaciones de filósofos hasta la actualidad: Marx y su materialismo histórico ponía en práctica la dialéctica materialista de Engels como una manera de crear una comprensión nueva de la sociedad para superar las injusticias del sistema capitalista, y de Kierkegaard a Derrida el trascendentalismo y ambigüedad de los textos de Hegel han logrado calar hondo.

 

Con sólo 26 años, J.J. Abrams consiguió vender por dos millones de dólares uno de sus primeros guiones (“Eternamente Joven” de Steve Miner, 1992, protagonizada por Mel Gibson y un jovencísimo Elijah Wood). Desde los 24 años llevaba viendo como sus guiones se convertían en películas (desde la comedia “Millonario al instante” de Arthur Hiller en 1990, con James Belushi y Charles Grodin; al drama “A propósito de Henry” de Mike Nichols en 1991, con Harrison Ford en el papel de un abogado sin escrúpulos que vuelve a nacer tras un disparo en la cabeza). Pero su éxito arrollador como guionista llegaría en 1998 con “Armageddon”, donde el hiperbólico Michael Bay dirigiría a Bruce Willis y Ben Affleck entre otros. El éxito de la película dió la oportunidad a Abrams de crear su propia serie de televisión, y unirse así al auge que este formato estaba experimentando. “Felicity” (1998-2002) fue un éxito, así como “Alias” (2001-2006) o “Fringe” (2008-2011), pero nada comparado a “Perdidos” (2004-2010), que lo catapultó hasta la dirección cinematográfica.

Super 8 Hegel 716x1024 J.J. Abrams, Super 8 y la Dialéctica Hegeliana

ANTÍTESIS:

 

Cuando Hegel era poco menos que el filósofo oficial de la nación alemana, su más ferviente opositor, Schopenhauer, dijo algo que muchos no compartían y que otros tantos no se habían atrevido a decir: “Hegel alcanza tal audacia al servicio del disparate y de extravagantes combinaciones de amasijos de palabras sin sentido, como sólo se habían conocido en los manicomios; se ha convertido en el instrumento de una descarada y generalizada mistificación nunca vista, con resultados que parecen fantásticos a posteriori y que quedarán como un monumento a la estupidez germana”. Ciertamente los textos de Hegel eran densos y de difícil lectura, siendo pocos los que podían (o creían) seguir el hilo de pensamientos del de Stuttgart, tampoco era muy bueno explicándose en las clases que impartía, y si alguien podía poner en entredicho la solidez de Hegel era otro filósofo del prestigio de Schopenhauer.

 

He oido muchas cosas negativas sobre J.J. Abrams: que es más televisivo que cinematográfico, que no sabe escoger bien a los actores idóneos para sus papeles, que no sabe resolver finales, que no es el verdadero responsable de las series en las que figura como creador, etc. Pero la crítica más seria es la que ve a Abrams (sus obras, se entiende) como una simple amalgama de referencias, sin el toque personal que Wes Anderson imprime a su propia amalgama o sin la reelaboración intelectual de Woody Allen para con la suya. Esta sería también la razón de que Abrams haya destacado en televisión, creando series sobre premisas ya existentes (como la doble vida del espia en “Alias” o la isla misteriosa de “Perdidos”) y dejándolas luego en manos de otros guionistas. Por ello también ha dado buenos resultados llevando a la gran pantalla series de televisión clásicas como “Misión Imposible” (1966-73) o “Star Trek” (1966-69), las cuales, por cierto, comenzaron sus emisiones el mismo año que nació Abrams. Siguiendo este razonamiento, el primer guión original de Abrams para el cine (“Super 8”, 2011) no es más que un cruce entre ciertas producciones de la Amblin (productora de Spielberg que también es la responsable de “Super 8”) como “E.T., el extraterrestre” (Steven Spielberg, 1982) o “Los Goonies” (Richard Donner, 1985); de otras aventuras juveniles como “Exploradores” (Joe Dante, 1985) o “Una pandilla alucinante” (Fred Dekker, 1987); algunos mitos nostálgicos adolescentes como “Aquellos maravillosos años” (1988-93) o “Cuenta Conmigo” (Rob Reiner, 1986); y las horror movies for kids ochenteras como “La puerta” (Tibor Takács, 1987) o “Jóvenes Ocultos” (Joel Schumacher, 1987).

 

SÍNTESIS:

 

En 1831, Hegel murió de cólera, la última de las múltiples enfermedades que pudo apuntar en su cuenta particular. Pero el hecho de que su filosofía se convirtiese en la máxima expresión de ese espíritu colectivista que, en oposición al Romanticismo, caracterizó al siglo XIX, o que la misma fuese la aplicación más extendida del principio de desarrollo mayoritario en el pensamiento del siglo XIX en diversos campos (mediante su método dialéctico fue desde la lógica abstracta a la Filosofía de la Historia), perpetuó las teorías de Hegel. Poco importa que fuese un tipo confuso con una extraña relación con su hermana que anotaba compulsivamente conceptos, noticias o anécdotas en su diario-‘molino extractor’, que sus divagaciones estuviesen más o menos en consonancia con la realidad. Lo que verdaderamente importa es que su filosofía es una pieza imprescindible en el puzzle que forma la Filosofía, un modelo de cómo hacer y pensar las cosas que no se limita a un tiempo particular, sino que se extiende a lo largo de la eliminación de la metafísica en Nietzsche, la crítica de la ontología de Heidegger o la decostrucción de Derrida.

 

Abrams no es John Ford, así como Quentin Tarantino no es Sergio Leone, ni Sam Peckinpah, pero tampoco hace falta. No ha creado nada nuevo, pero es obvio que eso no es necesario para ser alguien muy bueno en lo que haces. “Super 8” es una pieza característica en la época que vivimos, una época caracterizada por remakes y reboots varios. El collage (lo mejor que se puede hacer en una era de agotamiento de las ideas) es al postmodernismo (la preponderancia de la primera persona y la referencia como recurso narrativo principal), lo que el cine de buenas intenciones y final feliz (cuyo representante máximo fue Frank Capra) fue a los años 30 de la New Deal de Roosevelt. J.J. Abrams también es un signo de los tiempos, un representante del zeitgeist predominante, de estos tiempos de mirar atrás y construir a partir de trozos desechados del pasado. Se puede ver como una forma de decadencia, pero como decía Hegel: “el estadio o madurez más alto que puede alcanzar cualquier Cosa es aquel en el que empieza a perecer”.