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Harmony Korine - 1999 - 'Julien Donkey-Boy'

El movimiento Dogma 95 surgió como una manera de devolver al cine moderno la pureza de antaño por medio de una serie de reglas (rodar cámara en mano, no grabar nunca sonido e imagen por separado, rodar en 35 mm o que la trama, además de no enmarcarse en ningún género, se sitúe ‘aquí y ahora’). A pesar de que, siempre controvertido y contestatario, el joven director y guionista Harmony Korine (autor de “Kids” de Larry Clark, 1995, y director de “Gummo”, 1997, o “Spring Breakers”, 2012) se saltó levemente algunas de las reglas del Dogma 95, “Julien Donkey-Boy” llevó el sello ‘Dogma #6’ convirtiéndose en la primera película estadounidense en hacerlo. Korine logró uno de los más acertados retratos cinematográficos de la esquizofrenia gracias a una imagen de baja definición, el uso de diversos estilos narrativos (como cuando usa fotografías en vez de imágenes en movimiento) y una estructura anárquica a base de retazos entre el drama y la comedia ‘destroyer’ que el espectador a penas puede ordenar.

Julien (Ewan Bremner, el Spud de “Trainspotting”) es un joven con una severa esquizofrenia sin tratar que vive con su atípica familia: Pearl (Chloë Sevigny), su hermana embarzada que no sabe quien es el padre; Chris (Evan Neumann) su hermano obsesionado con convertirse en luchador de wresling; y su desequilibrado y castren padre (el realizador alemán Werner Herzog).

Korine construyó el film como un símbolo, una metáfora de la propia enfermedad y de cómo afecta a los que la sufren y la rodean (existe un paralelismo entre el obsesivo y atípico comportamiento del esquizofrénico y el acto artístico) que se mueve entre el cine experimental más vanguardista y el puñetazo en la cara  al espectador; enmarcando un desagradable (hay quien lo considera ofensivo) hiperrealismo en la visión subjetiva del esquizofrénico y dando como resultado una atmósfera de ensoñación pesadillesca pero palpable. Un film valiente, a contracorriente e incómodo que provoca amor u odio.

 

– Para amantes, con estómago, del cine más atrevido.

– Imprescindible para cinéfilos interesados en las enfermedades mentales.

 

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