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John Boorman - 1985 - 'La selva esmeralda'El director londinense volvió a cambiar de género tras la ciencia-ficción bizarra de “Zardoz” (1974, la fallida secuela “El hereje (Exorcista II)”, 1977 y la visualmente barroca “Excalibur”, 1981; rodando un excelente film de aventuras selváticas con trasfondo ecologista que se extiende en las costumbres y tradiciones de las tribus indígenas de la Amazonia con mirada antropológica (como ese trascendental rito de iniciación), además de criticar duramente la deforestación a manos de grandes empresas internacionales. Aunque no goza de la fama de otros films de Boorman, “La selva esmeralda”, (escrita inspirándose en diversos casos reales por el habitual colaborador del director, Rospo Pallenberg) es un apasionante y entretenido viaje a los orígenes de la humanidad como especie y de la humanidad como civilización.

Tomme es el hijo de 7 años de Bill Markham (Powers Boothe) un ingeniero que se ha trasladado con su familia hasta la selva del Amazonas para construir una presa gigantesca en la zona del Mato Grosso. Un día, un indígena de una tribu conocida como ‘los invisibles’ secuestra al niño en la zona limítrofe con la selva y lo lleva a su poblado. Allí, el chico crecerá y aprenderá las costumbres de ‘los invisibles’. 10 años después, Bill aún sigue obsesionado con encontrar a su hijo.

La paternidad es el motor principal de esta trama en la que el hombre ‘civilizado’ se enfrenta a comunidades más tradicionales en su entorno natural (algo que Boorman ya había tratado en su film más logrado: “Deliverance”, 1972); una metáfora de la relación del hombre con la Naturaleza y de la tecnología con respecto al hombre, ambos (el hombre y la tecnología) vástagos que se emancipan de su padre y se vuelven contra el. A pesar de su combativo espíritu ecologista, Boorman no se limita a mostrar a los indígenas como buenos y al ‘hombre blanco’ como perverso; por un lado están los caníbales que simbolizan el lado más violento del estado natural y por otro está ese ‘padre coraje’ al que solo preocupa ya algo tan radical (de raíz) como su hijo.

 

– Para amantes de las aventuras selváticas con mensaje ecologista.

– Imprescindible para apreciar en toda su variedad el cine de aventuras de los 80.

 

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