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Jacques Demy - 1964 - 'Los paraguas de Cherburgo'Así como sus compañeros de la Nouvelle Vague se habían servido de la reinterpretación de los géneros clásicos del cine hollywoodiense para dar rienda suelta a sus vanguardistas aspiranciones artísticas; Jacques Demy hizo lo propio con el musical en este sencillo (al menos el argumento) drama romántico-costumbrista en el que todos los diálogos son cantados y que, alejándose del intimista blanco y negro de sus anteriores films (“Lola”, 1961, y “La bahía de los ángeles”, 1963), recrea un colorista Cherburgo (hay quien lo califica de hortera) que parece pintado por un Matisse hiperrealista afectado por el technicolor de “Un día en Nueva York”, 1949, o “Un americano en París”, 1951, (el deslumbrante colorido está apoyado en la magnífica fotografía de Jean Rabier y la artificiosa escenografía de Bernard Evein).

Concibiendo el film como una especie de ópera, Demy divide el argumento en tres actos: en ‘LA PARTIDA’ vemos como Geneviève (Catherine Deneuve) y su madre (Anne Vernon) venden paraguas en una tienda del puerto de Cherburgo, ella está enamorada de Guy (Nino Castelnuovo), el cual partirá a la Guerra de Argelia; en ‘LA AUSENCIA’, Geneviève se ha quedado embarazada de Guy, pero se casa con un acudalado joyero (Marc Michel), convencida por su madre, y se va a vivir a París; en ‘EL REGRESO’, Guy vuelve de la guerra para darse cuenta que Geneviève ya no está.

Con maneras modernistas como elemento diferenciador (encontramos personajes de otros films del director, por ejemplo) e infringiendo algunas reglas del musical clásico (pero con los films de Stanley Donen o Vincente Minnelli en mente) Demy nos regala toda una experiencia cinematográfica única a ritmo de pop y jazz que lanzó a la fama a una jovencísima Catherine Deneuve y dejó para la posteridad algunas de las canciones más hermosas y encantadoras jamás creadas para una película (como el evocador tema central ‘Je t’attendrai’), obra del legendario pianista y compositor Michel Legrand.

 

– Para amantes del musical clásico y de las tendencias modernas que beben de este.

– Imprescindible una sesión doble, quemarretinas, junto a “Las señoritas de Rochefort”.

 

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