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Walter Hill - 1987 - 'Traición sin límites'Dos de los más polémicos directores (y guionistas) de Hollywood, por su extrema violencia y exaltación de los valores militaristas, se juntaron en este irregular, pero tenso y estimulante, homenaje al cine de Sam Peckinpah. Walter Hill (“The Warriors”, 1979, o “Danko: Calor Rojo”, 1988) se ocupó de la dirección de la historia ideada por John Milius (“Conan, el bárbaro”, 1982, “Amanecer Rojo”, 1984). Por mucho que los detractores del cine de acción más desalmado y polvoriento piensen que la violencia es gratuíta y el film esconde una deplorable lección moral (el fin justifica los medios, así que podemos saltarnos las leyes si conderamos que es una causa mayor), lo cierto es que “Traición sin límites” es puro entretenimiento repleto de acción, tipos durísimos, atmósfera de western moderno y un argumento de videojuego.

El delirante argumento nos presenta a Jack Benteen (Nick Nolte), un implacable ranger de Texas, y a Cash Bailey (Powers Boothe), un narcotraficante que además era el mejor amigo de Benteen en el instituto (amén de haber una mujer entre ellos: Maria Conchita Alonso). Bailey propone a su viejo amigo unirse a el y ganar dinero traficando con drogas en la frontera entre EE.UU. y México; pero el incorruptible ranger declina la oferta.

Una de las grandes bazas del film es su impresionante reparto de rudos secundarios con algunas de las caras más recurrentes del cine de acción ochentero (Michael Ironside, Clancy Brown, William Forsythe o Mickey Jones) y otra son las disfrutables (si no te importa la sangre y la violencia claro) escenas de acción, coronadas por ese apoteósis final arrancado de “Grupo Salvaje” (Sam Peckinpah, 1969). Además “Traición sin límites”, con sus exageradas maneras, se erige también (aunque habitualmente esto es ignorado) en una parodia estilizada del western ultraviolento y el cine de acción.

 

– Para los cinéfilos de videoclub de los 80 que solo buscan divertirse.

– Imprescindible para estudiosos de los autores llamados ‘fascistoides’ en los 80 de Reagan.

 

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