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Norman Z. McLeod - 1932 - 'Plumas de caballo'

Poco se puede decir que no se haya dicho nada de las películas de los hermanos Marx: entretenimiento desbordante, anárquico y corrosivo con forma de espectáculo de variedades (de ahí esos ‘intermedios musicales’ o la habitual subtrama romántica). “Plumas de Caballo” no es “Sopa de Ganso” (1933) ni “Una noche en la Ópera” (1935) pero eso no importa; el segundo film que Norman Z. McLeod filmó con los Marx (tras “Pistoleros de agua dulce”, 1931) también es un trepidante prodigio de gags delirantes y mala leche, picaresca y crítica hacia cualquier poder establecido. El film, que como solía suceder tuvo que recortar ciertas escenas por la censura de la época, arremete esta vez particularmente contra las instituciones educativas por medio de esa exultante libertad que Groucho, Harpo y Zeppo rezuman por los poros.

Una universidad y el equipo de fútbol americano de esta son los ‘objetos de estudio’ de los Marx en este film. Groucho es el Professor Wagstaff, el nuevo director del Huxley College. Su hijo Frank (Zeppo) lo convence para que fiche a jugadores profesionales para apoyar a su equipo de fútbol; pero por una serie de malentendidos termina fichando a Baravelli (Chico) y Pinky (Harpo), un par de impresentables de buen corazón que sembrarán el caos en la universidad.

Números musicales que demuestran que los Marx no eran simplemente unos cachondos (sino también unos artistas de primera), como el célebre ‘Everyone Says I Love You’ (homenajeado por Woody Allen); chistes surrealistas y desternillantes a propósito de la rebeldía (‘Sea lo que sea, me opongo’, reza la canción ‘I’m Against It’ cantada por Groucho), la Prohibición (la ley seca no acabó hasta 1933) o el deporte (épica la alocada secuencia final); y esos carismáticos personajes que no necesitan presentación (el sinvergüenza al que gusta aparentar, el pícaro buscavidas y el asilvestrado con alma de niño). Todo en un metraje de poco más de una hora que no deja lugar al aburrimiento. Sin duda estos libertarios del humor, indomables y grotescos, son la mejor alternativa para pasar un rato fuera del mundo real.

 

– Para amantes del humor absurdo y enervante de los hermanos Marx.

– Imprescindible para completistas de la carrera de estos mitos del cine.

 

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