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James Whale - 1933 - 'El hombre invisible'

Aunque James Whale fue uno de los directores más atrevidos e interesantes de la época, excombatiente en la I Guerra Mundial, abiertamente homosexual, director teatral y pionero en ciertas técnicas de rodaje (como los movimientos de cámara); su figura ha pasado a la posteridad gracias a sus incursiones en el cine de terror (“El doctor Frankenstein”, 1931, “El caserón de las sombras”, 1932, o “La novia de Frankenstein”, 1935). Con “El hombre invisible” la Universal buscaba repetir el éxito de la Paramount con “La isla de las almas perdidas” (Erle C. Kenton, 1932) adaptando al mismo autor (el maestro de la ciencia-ficción H.G. Welles); pero Whale les dio mucho más de lo que esperaban, convirtiendo al personaje en uno de los ‘monstruos clásicos’ del estudio y al film en una obra maestra del cine en el que no faltan cierto humor a costa de la invisibilidad, crímenes, excelentes efectos especiales y esa estimulante mezcla entre terror y ciencia-ficción que lo alejaba de monstruos como Drácula o La Momia.

Mientras su novia (Gloria Stuart, que 64 años después recibiría su primera nominación al Oscar por “Titanic”, 1998, de James Cameron) se pregunta donde se encuentra, el científico Jack Griffin (Claude Rains en uno de sus primeros papeles) se ha recluido en una pensión de una pequeña aldea ocultando su cuerpo y su rostro bajo vendas. Allí seguirá realizando experimentos, aunque cuando la policía acude por quejas de los dueños se descubre que Griffin es invisible.

Todo valía para crear la ilusión de invisibilidad (desde el ‘stop motion’ a colgar cosas de hilo de pescar) que dejó pasmado al público de la época y que junto al terrorífico ‘crescendo’ dramático-paranoico y su irresistible atmósfera convirtió el film en un éxito inmediato que llevó al estudio a producir una serie de divertidas secuelas en los años 40. Aunque al urgente público actual pueda parecerle ingenua y predecible, “El hombre invisible” es una de las mejores encarnaciones de un ‘Mad Doctor’ de la historia del cine y su influencia en el cine de género posterior es incalculable.

 

– Para amantes del terror y la ciencia-ficción clásicos.

– Imprescindible para coleccionistas de ‘monstruos clásicos’ cinematográficos.

 

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