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F.W. Murnau - 1924 - 'El último'

Obra mestra del cine cine mudo con la que F.W. Murnau (“Nosferatu el vampiro”, 1922, o “Amanecer”, 1927) creó una parábola sobre la situación de Alemania tras la derrota de la Gran Guerra. Adscrita a la corriente ‘Kammerspielfilm’ del expresionismo alemán (que busca lo íntimo y reducido para que el público empatice más; ‘abstracción de todo lo que no sea verdadero cine’ decía Murnau), “El último” es un retrato cruel y agudo de una sociedad en la que las apariencias habían sido lo más importante, en el que lo militares se paseaban altivos y seguros de sí mismos, y de como ha de enfrentarse a la degradación y la humillación de los que antes se rendían a sus pies (además de una crítica feroz a la hipocresía y el gusto por aparentar de la sociedad ‘capitalista’).

El film cuenta la historia del portero (Emil Jannings, una de las grandes estrellas cinematográficas del momento, el cual lograría un Oscar en 1929 por “La última orden” de Josef von Sternberg) de un lujoso hotel, el cual es admirado en el trabajo y sobre todo en su barrio. Pero un día es sustituído por alguien más joven y relegado a los aseos. Avergonzado, el portero decide no contarlo y cada día finge ir a trabajar en su antiguo puesto.

Pero “El último” no es simplemente un brillante y desolador estudio psicológico y social, sino que además cuenta con una soberbia interpretación protagonista (en el movimiento ‘Kammerspielfilm’ era muy importante la calidad del actor, para que reflejase la intensidad del personaje de manera que el espectador se pusiese en su lugar) y con un impresionante trabajo fotográfico y de cámara del mítico Karl Freund (prestigioso director de fotografía y director de clásicos del terror como “La Momia”, 1932, o “Las manos de Orlac”, 1935), el cual no se limita a crear con la luz una atmósfera trágica sino que experimenta con los movimientos de cámara hasta puntos insólitos hasta la fecha (el movimiento de cámara también provocaba que el espectador se metiese más en el film). Como curiosidad destacar que el director de culto Edgar G. Ulmer (“Detour”, 1945) fue el director de la segunda unidad, además de ocuparse de la dirección artística. Una obra maestra indiscutible.

 

– Para amantes de las películas con lecturas profundas.

– Imprescindible para cinéfilos historiadores amantes del cine mudo.

 

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