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Ingmar Bergman - 1960 - 'El manantial de la doncella'Si, en términos generales, convenimos en que un film está formado por lo formal y lo semántico, no es difícil darse cuenta porqué “El manantial de la doncella” es una obra maestra del cine: visualmente es una maravilla, rodada con bellos y descriptivos encuadres, un brillante blanco y negro (excelente trabajo del director de fotografía Sven Nykvist) y sencillos movimientos de cámara; y conceptualmente ahonda en una serie de conceptos trascendentales en torno a temas como la religión, la redención, el sexo, la venganza, el bien y el mal o la justicia. Basándose en una leyenda medieval que cuenta que donde fue violada una doncella brota un manatial de agua cristalina, el director sueco Ingmar Bergman completó su díptico medieval (del que también formaría parte “El séptimo sello”, 1957) con polémica, debido a la cruda secuencia de la violación.

El film nos cuenta la historia de como Töre (Max von Sydow) envía a su hija Karin (Birgitta Pettersson) a hacer una ofrenda a la Virgen, para lo que tiene que atravesar el bosque. Karin parte con Ingrid (Gunnel Lindblom), pero se separan en el bosque: Ingrid se encuentra con un hombre con un solo ojo y Karin con tres pastores.

Bergman establece una serie de contraposiciones (el cristianismo con la mitología nórdica, la piedad y el odio, la virtud y el pecado, …) con las que desarrolla un discurso filosófico inteligente y pertinente sobre la moralidad; que enmarcado en un contexto historico y social como la edad media, alejada aún de la ‘civilizada’ sociedad actual, se torna más puro e inteligible. Pero “El manantial de la doncella” no es uno de esos films en los que simplemente los personajes hablan y hablan sobre la condición humana, sino que es un disfrutable fresco medieval (oscuro pero esperanzador) en el que abundan los simbolismos visuales y narrativos (del dolor y la maldad surge algo puro como un manantial); un sobrio ejercicio de estilo que volvía a demostrar la complejidad y la osadía del director de “Persona” (1966).

 

– Para amantes del cine moral, que no aleccionador.

– Imprescindible para interesados en iniciarse en el cine de Ingmar Bergman.

 

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