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Paul Verhoeven - 1992 - 'Instinto Básico'Tras convertirse en el director de ciencia-ficción más original, violento e irónico del cine americano gracias a “RoboCop” (1987) y “Desafío Total” (1990), el realizador holandés Paul Verhoeven, siempre ávido de incordiar y escandalizar, dirigió este interesante thriller erótico (que puso de moda el género) que se convirtió en todo un escándalo por su sórdido y agresivo retrato del lesbianismo (que ciertas comunidades gays no supieron ver con el humor suficiente); lo que intensificó su éxito y el estatus de iconos de los 90 de sus personajes y secuencias (sobre todo el archiconocido cruce de piernas de Sharon Stone durante un interrogatorio policial). Cine de consumo inteligente y autoconsciente con la forma de moderno cine negro de alto voltaje, rodado con sorna y mala leche, con desfachatez y sin prejuicios de ninguna clase.

Nick Curran (Michael Douglas) es un policía de San Francisco que acaba de desintoxicarse de su adicción a las drogas y el alcohol. Ahora se enfrenta al asesinato de Johnny Boz, un excantante dueño de una discoteca. La máxima sospechosa es Catherine Tramell (Sharon Stone), un escritora de novelas de suspense que se convertirá en una obsesión para Nick.

Con un guión muy resultón, con reminiscencias de Hitchcock o Brian De Palma, escrito por Joe Eszterhas (co-autor de “Flashdance” de Adrian Lyne, 1983), que sabe mantener la intriga hasta la inevitable sorpresa final; una excitante Sharon Stone que se erige como la gran sorpresa del film; un buen reparto secundario (George Dzundza, Jeanne Tripplehorn, Dorothy Malone o Stephen Tobolowsky); una excelente banda sonora de Jerry Goldsmith (ganador del Oscar por la banda sonora de “La Profecía”, 1977, de Richard Donner); y la impagable campaña publicitaria de sus detractores; el film que lanzó a la fama a Sharon Stone (y, según los rumores, llevó a Michael Douglas a una adicción al sexo), logró ser uno de los mallores taquillazos de los 90, y el thriller erótico en el que se miraron todos posteriormente.

 

– Para amantes del thriller tramposo.

– Imprescindible para los seguidores de ese gran sátiro incomprendido que es Paul Verhoeven.

 

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