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Henry Hathaway - 1947 - 'El beso de la muerte'Pocos eran los géneros cinematográficos que se resistían a Henry Hathaway, uno de los grandes artesanos de la Época Dorada de Hollywood. Su especialidad eran los géneros más vibrantes: western (desde sus comienzos con films al servicio de Randolph Scott hasta sus amargos westerns de los 60, como “Valor de ley”, 1969), cine de aventuras (como “Tres lanceros bengalíes”, 1935), cine bélico (“Rommel, el Zorro del Desierto”, 1951) o cine negro, con soberbias muestras como “Niágara” (1953) o “El beso de la muerte”; una ejemplar muestra del realismo casi documental, la violencia psicótica y los argumentos de redención que tanto gustaban a los espectadores. Un guión interesante al que Henry Hathaway le imprime fuerza a base de una narración directa, sin adornos, y un uso de la cámara que intensifica la crudeza y oscuridad del argumento.

Nick Bianco (Victor Mature) es detenido durante el asalto a una joyería y condenado a 20 años de prisión. Tras 3 años en la cárcel, Nick se entera de que su mujer se ha suicidado y han encerrado a sus hijas en un orfanato. Entonces decide hacer un trato con el fiscal (Brian Donlevy): dará los nombres de sus compañeros de atraco. Pero ahora tendrá que ayudar a atrapar a un peligroso delicuente llamado Tommy Udo (Richard Widmark).

Todos los actores están bien en sus papeles, pero la actuación de Richard Widmark (que debutaba en el cine, con su única nominación al Oscar incluida) eclipsa a las demás por demoníaca, psicopática y excesiva, dejando para la posteridad uno de los villanos cinematográficos más influyentes de la historia del cine (y algunas de las secuencias más terroríficas, como la de la anciana en silla de ruedas). Solo por Widmark merece la pena “El beso de la muerte”, pero es que además Hathaway nos regala uno de esos ejercicios de estilo, entre claroscuros tanto lumínicos como psicológicos, que te pegan a la pantalla a base de dilemas morales, acción descarnada, tragedias personales y retrato sociológico; una joya.

 

– Para interesados en la mejor época del cine negro.

– Imprescindible para reivindicar a Richard Widmark como uno de los grandes actores de carácter que ha dado EE.UU..

 

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