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Herbert Ross - 1976 - 'Elemental, Dr. Freud'Aunque las adrenalínicas y estilizadas revisitaciones modernas de Sherlock Holmes pueden llevarnos a considerarla excesivamente clásica, “Elemental, Dr. Freud” (basada en la novela “The Seven-Per-Cent Solution” del también guionista Nicholas Meyer, el cual se estrenaría en la dirección cinematográfica con otro pastiche de personajes literarios: “Los pasajeros del tiempo”, 1979) es una de las más originales aproximaciones al universo del investigador de Baker Street. Respetando escrupulosamente la continuidad de las novelas de Arthur Conan Doyle (con espacio para los personajes más populares y las situaciones más recurrentes) y profundizando en algunos de sus aspectos más truculentos, Meyer y el siempre correcto Herbert Ross (“Sueños de un seductor”, 1972, o “Footloose”, 1984) desarrollan una clásica aventura detectivesca con intriga, comedia y regusto metalingüístico.

En 1890, un Sherlock Holmes (Nicol Williamson) degradado y enloquecido por la cocaína se reencuentra con su viejo amigo Watson (Robert Duvall), el cual idea un plan para que Sherlock viaje a Viena para recibir terapia de un pionero en la cura de la adicción a la cocaína: Sigmund Freud (Alan Arkin).

A pesar de no tener el humor cómplice de “La vida secreta de Sherlock Holmes” (Billy Wilder, 1970) o la frescura de “El secreto de la pirámide” (Barry Levinson, 1985), el film de Herbert Ross consigue llevar su ingeniosa premisa con sutileza hasta un improbable climax final (con Freud protagonizando escenas de acción sobre un tren en marcha), demostrando, más que un afán desmitificador, un enorme cariño por el personaje; además de un buen manejo de lo méramente lúdico (algo habitual en los trabajos de Meyer). Pese a cierta torpeza en su segunda parte, un plantel de estupendos actores ingleses (tambien tenemos a Laurence Olivier, Vanessa Redgrave o Charles Gray), la buena banda sonora de John Addison (ganador de un Oscar y compositor de la sintonía de “Se ha escrito un crimen”, 1984-96) y una cuidada recreación, con diseño artístico de Ken Adam (premiado decorador de “Barry Lyndon”, 1976, de Stanley Kubrick), la convierten en una buena manera de pasar hora y media.

 

– Para amantes del cine detectivesco clásico.

– Imprescindible para admiradores del famoso detective creado por Arthur Conan Doyle.

 

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