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Gregg Araki - 2004 - 'Oscura inocencia'A pesar de su telefílmico título en castellano, esta es la mejor (la más redonda y la menos bizarra, sin alejarse del todo de las obsesiones recurrentes de su director) película de un siempre estimulante Gregg Araki (“Maldita generación”, 1995, o “Nowhere”, 1997), que logró la fama como máximo exponente del ‘New Queer Cinema’. La intensa interpretación de un Joseph Gordon-Levitt que se desprendió definitivamente de su papel en “Cosas de Marcianos” (1996-2001); su implacable y controvertido retrato de los traumas infantiles y del nihilismo de la juventud; su desenlace con giro sorpresa incluido; y la perturbadora atmósfera que logra la atractiva narración de Araki; convierten esta joya escondida del cine independiente en uno de los más emocionantes viajes cinematográficos a la psicología adolescente y a como el pasado nunca termina de irse del todo.

Araki utiliza, para hablarnos con dureza de un tema peliagudo, a dos personajes opuestos: Neil (Joseph Gordon-Levitt) es un joven promiscuo y abiertamente homosexual que ejerce de chapero; y Brian (Brady Corbet), por el contrario, es introvertido y con problemas derivados de ciertas pérdidas de memoria que tuvo en su niñez. Ambos comparten un terrible episodio de su infancia que los ha marcado, aunque a cada uno de una manera.

Araki nos sumerge en temas como la conducta sexual y la inmadurez emocional mezclando el retrato social de familias con problemas o de la prostitución con encuentros en la tercer fase y abducciones; haciendo su propia versión de ese cliché de cierto tipo de cine en el que se cuentan las historias más escabrosas con trasfondo mágico, poetico o fantástico (como “La fuerza de la ilusión”, 1992, de Richard Donner o “Tideland”, 2005, de Terry Gilliam). Araki nos da crudeza y ternura a partes iguales en este osado y extraño drama (sus films anteriores habían estado impregnados de cierta comedia satírica y mostraba sus roles habituales, como el chapero interpretado por Gordon-Levitt, de una manera más desenfadada) que retuerce al espectador en su butaca, inquieta, sorprende y hace pensar.

 

– Para amantes de las historias duras como la vida misma, además de tramposas.

– Imprescindible para cinéfilos interesados en la psicología de los traumas infantiles.

 

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