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Edgar G. Ulmer - 1934 - 'Satanás'Una de las personalidades más fascinantes de la historia del cine, Edgar G. Ulmer, antes de trasladarse a Hollywood, fue director de la segunda unidad en films como “El último” (F.W. Murnau, 1924), diseñador artístico para Fritz Lang en “Metrópolis” (1927) o “M, el vampiro de Düsseldorf” (1931) y hasta hizo sus pinitos como director en el film colectivo “Menschen am Sonntag” (1930), junto a futuros grandes del cine como Robert Siodmak, Fred Zinnemann o Billy Wilder. Con “Satanás”, su segundo film en EE.UU., Ulmer demostró su categoría logrando un inmenso éxito (aunque luego se vio relegado a la serie B por un ‘affair’ con la mujer de un productor de la Universal); juntó por primera vez a las dos grandes estrellas del cine de terror del estudio: Boris Karloff (“Frankenstein”, 1931, de James Whale) y Bela Lugosi (“Drácula”, 1931, de Tod Browning) en un relato inspirado en “El Gato Negro” de Edgar Alan Poe en el que podemos encontrar viejos caserones, necrofilia, tortura, drogas y tipos desollados vivos.

Peter (David Manners) y Joan (Julie Bishop) son unos recién casados que viajan cruzan Budapest cuando conocen al doctor Vitus Werdegast (Bela Lugosi), un psiquiatra que va a visitar a un amigo llamado Hjalmar Poelzig (Boris Karloff). Tras un accidente en el que Joan resulta herida, Peter y Vitus la trasladan hasta la casa de Hjalmar.

“Satanás” nos cuenta, con aires de terror romántico y una puesta en escena adelantada a su tiempo, una historia trágica repleta de simbologías; una perturbadora lucha entre el bien y el mal con trasfondo satanista, escelentes diálogos y una fotografía casi expresionista de John J. Mescall (que al año siguiente repetiría con Karloff en “La novia de Frankenstein” de James Whale). Aún con evidentes errores de producción y guión (el presupuesto no fue muy generoso), “Satanás” es una joya de culto del terror clásico, repleta de aciertos narrativos y estéticos (como la decisiva partida de ajedrez); una reflexión sobre la maldad claustrofóbica y fatalista (lo que también expondría en la obra de culto de cine negro “Detour”, 1945). Para coleccionistas de las joyas escondidas entre las grandes producciones de terror de la Universal. Imprescindible para incondicionales de los mitos actorales del cine de terror.

 

– Para coleccionistas de las joyas escondidas entre las grandes producciones de terror de la Universal.

– Imprescindible para incondicionales de los mitos actorales del cine de terror.

 

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