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Peter Jackson - 1992 - 'Braindead'Aunque ya había obtenido cierta reputación dentro del cine gore humorístico gracias a la ingeniosa y ultrabarata “Mal Gusto” (1987) o la orgía marionetística “El delirante mundo de los Feebles” (1989), el neozelandés se convirtió en el autor más destacado del género gracias a “Braindead” (con el deplorable subtítulo en España de ‘tu madre se ha comido a mi perro’), comedia romántica gamberra plagada de sangre, zombies, vísceras y fluidos corporales, que a la postre significó la despedida de Jackson de esta clase de cine (en 1994 se pondría serio con la inquietante y lírica “Criaturas celestiales”). El descarado ingenio en el diseño de los personajes (el catálogo de zombies es tronchante), su escatológico humor inspirado en las comedias de los 50 y su prodigioso despliegue de efectos especiales, a cargo de Richard Taylor (ganador de 5 Oscars gracias a su participación en la trilogía de “El señor de los anillos” o “King Kong”, 2005), y del maquillaje de Bob McCarron; combirtieron el film en un hito de la caquería instantaneo.

En pequeño pueblo de la Nueva Zelanda de los años 50, un extraño virus que propaga un diabólico mono crea una legión de zombies hambrientos que sólo podrá parar el más pardillo del lugar, el anodino Lionel Cosgrove (Timothy Balme), después de que su castradora madre… (bueno, ya sabeis qué hace). Lionel tendrá que salvar a su amada Paquita (la española Diana Peñalver) de hordas de no-muertos hambrientos de sangre.

El film se puede leer como una descabellada sátira social (a instituciones como la familia o la pareja), aunque lo que es de verdad es un gran espectáculo hemoglobínico que arrasó en los grandes festivales de cine fantástico (logrando premios importantes en Fantafestival, Avoriaz, Fantasporto o Sitges) reclutando legiones de fans. Jackson se mira, a base de referencias y homenajes varios, en clásicos (como el “King Kong” de 1933, “Psicosis” o “La noche de los muertos vivientes”, 1968) y producciones modernas con las que comparte espíritu (como “Posesión infernal”, 1981, o “Re-Animator”, 1985) y deja para el recuerdo un memorable climax final (para el que se usaron 300 litros de sangre falsa), cortacésped en mano, excesivo, brutal y divertidísimo.

 

– Para todos los que no tengan prejuicios hacia las vísceras y los miembros amputados.

– Imprescindible para los que se ríen de la escatología más cruenta.

 

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