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Gus Van Sant - 1989 - 'Drugstore Cowboy'Tras el minoritario (aunque apreciado) debut con “Mala Sangre” (1986), el segundo largometraje de Gus Van Sant contaba con jóvenes estrellas de Hollywood (lo que se convertiría en una constante en todas su películas hasta la llegada de “Elephant” en 2003) para rodar un desolador retrato de la drogadicción más cerca del underground que de las propuestas descafeinadas que se hacían en la meca del cine (y una heterogénea lista de secundarios que van de Heather Graham a William S. Burroughs). Gracias a una excelente pareja protagonista, a un guión sórdido e irónico (basado en la novela de James Fogle) y a una puesta en escena tan cruda como poética, “Drugstore Cowboy” colocó a Gus Van Sant como punta de lanza del cine independiente americano, alejándolo de los circuitos más restringidos en los que se le había encasillado desde el 86 (como antecedente del ‘New Queer Cinema’).

Bob (Matt Dillon), Diane (Kelly Lynch), Rick (James LeGros) y Nadine (Heather Graham) son dos parejas de atracadores toxicómanos que recorren el país robando en farmacias para meterse un chute. Bob, el líder del grupo, es muy superticioso, lo que irrita a sus compañeros. Un día, antes de un atraco, Nadine deja un sombrero encima de la cama (lo que trae mala suerte según los superticiosos) y todo comienza a ir mal; hasta tal punto que Bob decide dejar esa vida.

Por medio de un argumento sencillo y prototípico acerca de como nunca puedes dejar el pasado atrás (argumento habitual de las películas de gangsters desde la época dorada del cine negro), Van Sant nos sumerge en el lado más sórdido de la América profunda; unos EE.UU. repletos de moteles de mala muerte, gélidas carreteras secundarias y sudorosos síndromes de abstinencia. ‘Road movie’ heroinómana y malrrollera con espíritu de western moderno (juega con ciertos códigos del cine de atracadores del salvaje oeste) en la que también hay lugar para cierto lirismo onírico y cruel.

 

– Para quien desee ver disfrutar de unos Matt Dillon y Gus Van Sant en sus mejores momentos.

– Imprescindible para los aficionados a paraísos artificiales con final anunciado.

 

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