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Hal Ashby - 1973 - 'El último deber'Varios talentos emergentes se unieron en uno de los films más injustamente olvidados de los 70. Aunque llevaba actuando desde finales de los 50 en televisión y series B (en la factoría de Roger Corman), Jack Nicholson no se había dado a conocer al gran público hasta “Easy Rider” (Dennis Hopper, 1969) y aquí bordaba un papel gamberro pero con corazón que le dio su tercera nominación al Oscar (además del premio al mejor actor en Cannes); el guionista Robert Towne (que lograría el Oscar por la obra maestra “Chinatown”, 1974, de Roman Polanski, de nuevo junto a su colega Nicholson) también provenía de la factoría Corman (le había escrito “La tumba de Ligeia” en 1964) y estaba llamado a convertirse en uno de los grandes del thriller y la acción (gracias a “Yakuza”, 1974, de Sidney Pollack, o “Mission: Imposible”, 1996, de Brian de Palma); y todo orquestado por Hal Ashby (“Harold y Maude”, 1971, o “Bienvenido, Mr. Chance”, 1979), director siempre comprometido, mordaz, irónico, crítico y molesto que imprimió al film un fresco halo de independencia e irreverencia.

Buddusky (Jack Nicholson) y Mulhall (Otis Young) son dos oficiales de la marina a los que les encomiendan la misión de trasladar a un detenido (Randy Quaid, que también logró una nominación como secundario) a la prisión naval de New Hampshire. Pero la ingenuidad del prisionero hará que sus escoltas decidan enseñarle lo que es la vida antes de que ingrese en la cárcel.

Comedia amarga en forma de ‘road movie’ (de viaje iniciático incluso), cargada de lenguaje malsonante e impregnada de un humanismo al margen de las convenciones sociales; que pone patas arriba todo el sistema (empezando por la hipocresía del Ejército) y nos regala una de las mejores odas al compañerismo que dio una década desencantada y ácida como los 70. Una de esas joyas intemporales que el público parece haber olvidado, pero que provoca en cualquier espectador la sensación de estar viendo algo diferente.

 

– Para los que saben que el sentido de la vida es disfrutarla todo lo que se pueda.

– Imprescindible para recuperar a un joven Jack Nicholson (y poder compararlo con él mismo en el siglo XXI y con los treintañeros del Hollywood actual).

 

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