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John McNaughton - 1986 - 'Henry, retrato de un asesino'Aunque el debut de John McNaughton (“La chica del gangster”, 1993, o “Juegos Salvajes”, 1998) fue realizado en 1986, el excesiva violencia que contenía (produjo polémicas con los censores y el miedo de los distribuidores) hizo que no se estrenase hasta 1990. La historia real del asesino en serie Henry Lee Lucas (que confesó haber matado a casi 1000 personas) sirve al director para ahondar en la psicopatía a partir de la soledad, la desadaptación y la incomprensión; con un tono casi documental, asistimos a un festival de frialdad, momentos tensos y miradas enajenadas a cargo de unos escalofriantes Michael Rooker y Tom Towles. Cine independiente arrancado del las alcantarillas, sucio y apestoso, sudoroso e incómodo; una inmersión violenta y realista en la mente del asesino a través de sus relaciones personales y los traumas que las convierten en turbias e inestables.

Henry (Michael Rooker) es un expresidiario que comparte piso con su antiguo compañero de condena Otis (Tom Towles). Otis lleva al apartamento a su hermana Becky (Tracy Arnold), la cual quiere alejarse de los malos tratos de su marido. Pero Henry esconde una serie de asesinatos de mujeres que tienen su base en las humillaciones y abusos a los que sus padres lo expusieron; por lo que Henry llegó a matar a su propia madre (delito por el cual había ido a la cárcel).

Película maldita por excelencia de los años 80 que se convirtió en un éxito tardío en festivales como Fantasporto o Sitges (donde tanto Rooker como McNaughton cosecharon premios). Creíble y amargo descenso psicológico a los infiernos del odio irracional, sin concesiones al espectador y poseído por una amoralidad desagradable y desesperanzadora (John McNaughton no da lecciones morales, se limita a meternos de cabeza en sus ásperos diálogos y sus desvaríos criminales); además de erigirse como un devastador retrato social de las clases bajas y del lado más brutal e impredecible del ‘american way of life’.

 

– Para todo aquel que esté harto de los estilizados e improbables asesinos del cine moderno.

– Imprescindible para quien quiera pasar un mal rato mirando a Henry a la cara.

 

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