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Alfonso Cuarón - 2006 - 'Hijos de los hombres'Tras acaparar premios con “Y tu mamá también” (2001) y pasar por la saga de Harry Potter (dirigió una de las mejores entregas: “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”, 2004), el mexicano Alfonso Cuarón demostró su buen hacer en esta distopía futurista, pesimista y sórdida que intentaron vendernos como un film de acción pero que es muchísimo más. Un futuro próximo con una sociedad enferma y represiva que funciona como crítica político-social y llamada de atención (además de tener reminiscencias religiosas del fin, o el origen, del mundo); un cínico héroe por accidente que busca la redención a través del sacrificio; y un sencillo pero profundo argumento que juega con los miedos y las ambiciones humanas. Al unir las piezas obtenemos esta sórdida (con un siniestro uso de composiciones de Penderecki, Thom Yorke, Aphex Twin o John Lennon) pero esperanzadora película de ciencia-ficción repleta de poéticas imágenes, con un ritmo narrativo envidiable y todo un universo de simbolismos y paralelismos con el mundo actual.

El film comienza con la noticia de la muerte de la persona más joven del planeta (18 años), el último que había nacido después de que las mujeres comenzasen a volverse estériles. Theo (Clive Owen) es un tipo desencantado, aún afectado por la muerte de su hijo años atrás. Un día, a través de su exmujer (Julianne Moore), conoce a una persona que puede cambiar la situación por la que pasa La Tierra.

La fotografía del adorado Emmanuel Lubezki (ganador dos años seguidos del Oscar por “Gravity”, 2013, de Alfonso Cuarón, y “Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia”, 2014, de Alejandro González Iñárritu), la nerviosa puesta en escena de Cuarón y la decadente y apocalíptica concepción artística del film nos sumergen en una pesadilla claustrofóbica, en una persecución-descenso a los infiernos en busca de un incierto paraíso ideal; que funciona tanto como parábola de las consecuencias (¿bíblicas?) de la conducta humana, como de entretenimiento de acción de arte y ensayo. Bella, profunda y vibrante.

 

– Para amantes de las distopías futurístas más crueles.

– Imprescindible para los que saben que lo malo del futuro es lo que hacemos en el presente.

 

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