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Fritz Lang - 1924 - 'Los Nibelungos'Antes de su obra maestra de la ciencia-ficción “Metrópolis” (1927), el director alemán Fritz Lang (“M, el vampiro de Düsseldorf”, 1931, o “Los sobornados”, 1953) y su esposa y colaboradora habitual Thea von Harbou confeccionaron esta historia fantástica inspirada en el poema épico del siglo XIII ‘Cantar de los nibelungos’. Durante más de cuatro horas (divididas en dos films “Los Nibelungos 1ª parte: La muerte de Sigfredo” y “Los Nibelungos, 2ª parte: La venganza de Krimilda”) asistimos a un espectáculo en el que Lang ahonda en la mitología germana por medio de una puesta en escena sencillamente impresionante (tan bella como compleja), con unos efectos especiales artesanales que te dejan preguntándote cómo lo han hecho, una monumental escenografía y una mágica historia que evoca tiempos remotos en los que todo era posible.

Sigfredo (Paul Richter), hijo del rey Sigmund de Xanten, forja una estupenda espada bajo la tutela del maestro Mime. Antes de partir a su casa, escucha la historia del reino de Burgundy y de la princesa Krimilda (Margarete Schön). Sigfredo decidirá conquistar a la princesa, pero en el camino hasta Burgundy se cruzará con extrañas criaturas, incluido un dragón cuya sangre puede hacerte invencible.

Ambiciosa obra maestra del cine mudo y pieza clave del expresionismo alemán más desmesurado, “Los Nibelungos” nos traslada, con ese aliento de luminosas aventuras de espada y brujería (que se torna, en la ‘segunda parte’, en dolor y venganza) a un lugar y un momento en que personajes fantásticos se mezclan con otros reales (como Atina el Rey de los Hunos, interpretado por Rudolf Klein-Rogge); en el que la compleja poesía visual funciona como punto de unión con el espíritu del Romanticismo Alemán del siglo XIX, profundizando en el origen natural de la nación germana (como las leyendas del Rey Arturo lo son de la británica), en las raíces de ese nacionalismo que, avivado por la derrota de la Gran Guerra, desembocó en montañas de cadáveres hacinados.

 

– Para amantes del mejor cine de aventuras fantásticas.

– Imprescindible para quedarse con la boca abierta ante una obra de arte de hace casi 100 años.

 

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