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Terry Gilliam - 1998 - 'Miedo y asco en Las Vegas'Envalentonado tras encadenar varios éxitos de público y crítica (como “El rey pescador”, 1991, o “Doce monos”, 1995), el ex-Monty Python Terry Gilliam se atrevió con su film más experimental hasta el momento; un auténtico festival de texturas y propuestas estéticas alrededor las distintas concepciones del espacio y el tiempo propiciadas por el consumo de drogas. Todo en “Miedo y asco en Las Vegas” es delirante y lisérgico: personajes excesivos paseando con estados alterados de conciencia por una serie de escenarios de pesadilla alucinatoria, llevando a cabo las más espeluznantes proezas narcóticas. Gilliam construye el film (basado en el libro fundamental del ‘periodismo gonzo’, escrito por Hunter S. Thompson)  como un catálogo de recursos narrativos y visuales agrupados por su proximidad con los efectos de diversas sustancias y convierte el film en un barroco y extravagante espectáculo repleto de cameos y guiños.

El periodista de Rolling Stone Raoul Duke (Johnny Deep) y su abogado, un samoano de 100 kilos llamado Dr. Gonzo (Benicio del Toro), se dirigen a Las Vegas, donde Duke tiene que hacer un reportaje sobre una carrera de motos a través del desierto. Pero sus intenciones son bien distintas y van cargados con marihuana, mescalina, LSD, cocaína, popper, alcohol, éter y multitud de pastillas.

El film no tuvo la repercusión que Gilliam deseaba, pero se convirtió en un fenómeno de culto desde el momento de su estreno; por las interpretaciones a contracorriente de Deep y del Toro, por su sabiduría enciclopédica en los usos más irresponsables de la drogas, por cameos tan divertidos como los de Tobey Maguire, Gary Busey o Cameron Díaz, y por su estructura episódica, un tanto inconexa, que nos deja una serie de secuencias memorables (como la paranoia de los murciélagos, la incursión en el Bazooko Circus, la orgía de los lagartos monstruosos o la del Dr. Gonzo en la bañera con el ‘White Rabbit’ de Jefferson Airplane) que por sí mismas hacen que este experimento, gamberro, irreverente y amoral, merezca la pena.

 

– Para todo el que propuga la relatividad de los puntos de vista oficiales y para los que admiran los experimentos formales y materiales.

– Imprescindible para quien no conozca a Terry Gilliam.

 

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