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Daniel Calparsoro - 1995 - 'Salto al vacío'Los años 90 fueron una época muy prometedora para el cine español gracias a una serie de jóvenes directores que revolucionaron el enquilosado cine español, el cual se vió inundado con los estilizados dramas de Julio Medem, los cuentos siniestros de Juanma Bajo Ulloa, los thrillers psicológicos de Mariano Barroso, las comedias generacionales de Álvaro Fernández Armero o los crudos retratos suburbiales en forma de dramas criminales de Daniel Calparsoro. “Salto al vacío” supuso el debut de Calparsoro (tras estudiar cine en Nueva York); el asfixiante retrato de una antiheroína con malas pulgas y voz inaudible atrapada por un entorno opresivo y destartalado, claustrofóbico e industrial, casi apocalíptico; un ejercicio de realismo sucio e impactante en torno a la ‘juventud condenada’ en el que se mezcla el cine social británico de protesta, los dramas criminales con trasfondo religioso de Paul Schrader y los trágicos descensos a los infiernos del cine quinqui.

Alex (el debut de Najwa Nimri, por entonces pareja de Calparsoro, con el que trabajó en 5 películas, como actríz y como autora de la banda sonora de “Guerreros”, 2002) es una joven de un barrio bajo de Baracaldo que se dedica a traficar con drogas y a robar para mantener a su familia. La relación con su padre (Saturnino García) es insoportable, su hermano (el omnipresente Karra Elejalde) está enganchado a la heroína y Javi, el chico que le gusta, parece que no está interesado en ella.

“Salto al vacío” es imperfecta pero única, una reflexión desencantada y cruel (poseída por una poesía melancólica y fatídica) sobre la imposibilidad de evitar nuestro destino y cómo de dónde venimos marca el cómo somos. Un enfermizo soplo de aire fresco en el que el director de 27 años (antes de que su filmografía tomase derroteros más comerciales como “Invasor”, 2012, o “Combustión”, 2013) plasmó con pasión y osadía (tanto temática como formal, con esos planos secuencia que siguen los pasos de la protagonista) todo lo que había aprendido como estudiante.

 

– Para todos los que piensen que la Generación X bailaba al ritmo de ‘My Sharona’.

– Imprescindible para los amantes del cine independiente español.

 

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