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King Vidor - 1931 - 'El campeón'Con casi 20 años de carrera ya a sus espaldas (seguiría dirigiendo regularmente hasta “Salomón y la reina de Saba”, 1959), el magnífico artesano hollywoodiense King Vidor (“Y el mundo marcha”, 1928, “Duelo al sol”, 1946, o “Guerra y paz”, 1956) se aseguró el éxito uniendo a dos rutilantes estrellas muy diferentes en este clásico drama pugilistico que abrió el camino a una serie de películas, de gran éxito en los años 30 (y más allá), en las que un tipo duro y torturado se redime gracias a su relación con un niño. La química entre el rudo Wallace Beery (que con este film logró el Oscar al mejor actor, consolidando una trayectoria repleta de éxitos) y el espabilado Jackie Cooper (famoso por su participación en diversos cortos de los ‘Little Rascals’ y que con solo 9 años ya logró ese año una nominación al Oscar por “Skippy”, de Norman Taurog) sigue emocionando a los espectadores modernos, a pesar de cierta artificialidad melodramática.

El film nos cuenta la historia de Andy ‘Champ’ Purcell (Wallace Beery), un exboxeador que en el pasado había logrado el campeonato mundial de los pesos pesados, el cual vive en Tijuana con su hijo de 8 años (Jackie Cooper). Andy tiene problemas con el alcohol y con el juego, pero decide volver al ring.

Historia de superación que tiene en la paternidad su tema central y en la ágil realización de King Vidor su cómplice perfecto: imprimiendo al sencillo argumento un tono de épica humana tan emotivo como intenso. La guionista Francis Marion volvió a sentar las bases de un subgénero cinematográfico tras su anterior colaboración con Beery en el drama carcelario “The Big House”, 1930, de George W. Hill; logrando además su segundo Oscar (fue la primera persona en lograrlo en la categoría de guión). Además de centenares de imitaciones (que van hasta “El luchador”, 2008, de Darren Aronofsky) existe un popular remake, de inferior calidad, que Franco Zeffirelli dirigió en 1979, con Jon Voight y Ricky Schroder en los papeles principales (además de una versión de Robert Z. Leonard que convertía al protagonista en payaso).

 

– Para amantes de la simplicidad y contundencia del cine clásico.

– Imprescindible para confeccionar una cronología de los estereotipos cinematográficos.

 

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