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1994

El director neozelandés Lee Tamahori (“El desafío”, 1997, “Muere otro día”, 2002, o “El doble del diablo”, 2011) se dió a conocer con esta brutal tragedia dramático-familiar con maneras de épica tribal ambientada en los suburbios maoríes de Auckland. La confrontación entre la cultura tradicional y el mundo moderno coloca a un padre de familia alcoholico y violento anclado en costumbres ancestrales y a su mujer y sus hijos intentando sobrevivir a él. Bandas callejeras, bares plagados de personajes mitológicos, escenarios post-apocalípticos, delincuencia juvenil y luchas de titanes llenan esta película dura de ver pero de una contundencia y realismo imprescindibles. Interpretaciones brillantes y excesivas; inolvidable el matrimonio protagonista: Temuera Morrison (que saltó a Hollywood y terminó poniendo su rudo aspecto al servicio de George Lucas como Jango Fett y como todos y cada uno de los clones) y la madre coraje Rena Owen.

La familia Heke vive en un gueto maorí, en situación de marginalidad debido en parte a los problemas con el alcohol de Jake (el padre); el cual maltrata a la madre y tiene atemorizados a todos los hijos. Cuando Jake es despedido de su trabajo, los problemas se intensifican.

Basada en la novela homónima superventas de Alan Duff, “Guerros de antaño” es un recorrido por los resquicios de un mundo aplastado por la ‘civilización’, relegado a silenciar su asilvestrado pasado, que intenta encontrar su dignidad perdida con medios equivocados; un emocionante estudio antropológico de la decadencia y degradación de una cultura, que se encuentra como un animal enjaulado. A su valor como testigo del paso del tiempo (el estupendo trabajo de recreación incluye impresioantes tatuajes tradicionales) hay que añadirle su condición de cine social de primera, de cine de protesta, emparentado con el neorrealismo más visceral; y, por supuesto, su extraordinario valor cinematográfico, su descarnado uso de los códigos del drama familiar, su poderosa y cercana puesta en escena y un ritmo que no decae en ningún momento.

 

– Para quien no quiera quedarse indiferente ante una película.

– Imprescindible para quien quiera apreciar más su propia vida.

 

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