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1921

Uno de los grandes directores de la historia del cine sueco, Victor Sjöström (protagonista años después, en 1957, de “Fresas Salvajes” de Ingmar Bergman), creó uno de los clásicos indiscutibles del cine mudo, del cine fantástico y del cine en mundial, amén de desarrollar una alegoría sobre la vida y la muerte, el pecado y la redención, que aún mantiene la fuerza de hace 100 años (Sjöström también dio el salto al cine USA con obras maestras como “El que recibe el bofetón”, 1924, “La mujer marcada”, 1926, o “El viento”, 1928). Aunque el ritmo es digno de un film sueco, encontramos elementos más que de sobra para mantener la atención: el uso de flashbacks, incluso de flashbacks en flashbacks; artesanales efectos especiales, con los que se representa lo sobrenatural, a base de superposición de distintos fotogramas; referencias en el cine posterior que demuestran su influencia (desde Bergman al Kubrick de “El Resplandor”); una fotografía cercana al expresionismo alemán; …

Si no eres precisamente un dechado de virtudes y mueres cerca de fin de año, teniendo la mala suerte de ser el último difunto del mismo, puedes convertirte en el conductor de la Carreta Fantasma, la que recoge las almas de los muertos.

Con esta premisa, Sjöström confeccionó una de esas obras que solo pudieron existir en aquellos años, una década en la que el cine se convirtió en el entretenimiento número uno en todo el mundo, en el que la experimentación convirtió el medio en una fuente inagotable de nuevos recursos narrativos y de aspiraciones artísticas y técnicas que iban más allá del mero beneficio en taquilla. “La Carreta Fantasma” es compleja y escalofriante, filosófica y espiritual; un nuevo paso en la evolución del hecho de contar historias, que utiliza una leyenda ancestral (cogida de una novela de la Premio Nobel Selma Lagerlöf) para, al igual que esta, exponer una reflexión sobre el ser humano y su relación con el mundo, con la vida y la muerte, confundiendo intencionadamente el sueño con la realidad.

 

– Para todos los que quieran conocer los inicios del cine.

– Imprescindible para quitarse prejuicios hacia el cine mudo (y hacia el sueco).

 

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