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1998

Aunque hoy día un tanto cansado, Julio Medem sigue siendo uno de los mejores directores del nuevo cine español que surgió a principios de los 90. “Los amantes del círculo polar” es su cima, en la que auna la épica de “Vacas” (su ópera prima de 1992) y ese realismo mágico sui generis que tan buenos resultados le habían dado en “La Ardilla Roja” (1993) y “Tierra” (1996). Una romántica oda cuántica al azar, a las casualidades como motor de la vida y de la experiencia, a los ciclos circulares y la subjetividad de los puntos de vista; interpretada estupendamente por dos de los más prometedores actores del momento (secundados por unos estupendos Nancho Novo & Maru Valdivielso). Poético, elegante y frío ejercicio de estilo que funciona tanto como una sugerente historia de amor (que aborda no pocos conceptos filosóficos), como un estudio de la narrativa cinematográfica con los palíndromos como elemento simbólico central.

Ana (Najwa Nimri) y Otto (Fele Martínez) se conocen siendo niños. El azar hace que el padre de Otto y la madre de Ana se casen y ellos se conviertan en hermanastros. A pesar de ello, se enamorarán y vivirán un romance secreto. Tiempo después, Otto es piloto de avión y Ana vive en Finlandia, en una zona de Laponia cerca del Círculo Polar Ártico.

Julio Medem demostró que era un realizador arriesgado y original, con un mundo personal e intransferible (que se extendería poco más allá de “Lucía y el sexo”, 2001) que bebe de una visión fantástica-onírica del mundo transportando al espectador por un espacio-tiempo impregnado de un romanticismo nada sensiblero y de su uso casi matemático del destino. Una de las cumbres del cine español de los 90, repleto de jóvenes y talentosos realizadores (Álex de la Iglesia, Juanma Bajo Ulloa, Mariano Barroso, …), y uno de los amores imposibles más enigmáticos y bellos jamás rodados (a pesar de que su concepción un tanto cerebral y distanciada, tanto estética como argumental, ha sido esgrimida por sus detractores como arma arrojadiza; cuando es más una opción semántico-visual de su autor).

 

– Para los que gusten de la lírica onírica y romántica.

– Imprescindible para los amantes de los juegos dramático-geométricos espacio-temporales.

 

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