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2003

El director coreano Kim Ki-Duk (“Samarian Girl”, 2004, o “Hierro 3”, 2004) volvió a los solitarios escenarios naturales de la intensa y brutal “La Isla” (2000), con esta metáfora de la vida dividida en estaciones. La simplicidad del argumento de este drama místico-existencial (criticada por los que esperaban más profundidad en su visión espiritual del mundo) lo convierte en vehículo perfecto para exponer el ciclo de vida y muerte como una suerte de proceso necesario de fusión e identificación con la naturaleza; a la vez que lo convierten en una experiencia cinematográfica disfrutable para cualquiera (conocedor o no del budismo). Un acercamiento plácido y cruel (como la vida misma) a la filosofía oriental cuya belleza hipnótica y serena se contrapone con los más bajos instintos del ser humano.

El film se divide en cinco episodios correspondientes a las estaciones del título. Al principio, en Primavera, conocemos a un monje budista y a su aprendiz, que es solo un niño, que viven en una balsa en un lago de las montañas. En Verano el aprendiz se enamora de una joven y acaba huyendo. Años después, en Otoño, volverá a encontrarse con su maestro por culpa de una trágica situación.

Kim Ki-Duk compone una suerte de ‘libro de texto para la vida’, un manual que te muestra el camino erróneo para comprender el correcto. No son necesarios muchos diálogos para que funcione a la perfección esta sucesión de secuencias en torno al aprendizaje vital que nos emocionan, nos hacen esbozar una sonrisa o nos horrorizan. Tampoco necesita el trascendental director coreano muchos personajes (un hombre, una mujer y la tradición o el legado del pasado personificado por el monje), ni muchos escenarios; simplemente deja fluir la película como si de un río se tratase, convirtiéndose esta en la metáfora nodriza que engloba todos los demás simbolismos (desde ese monasterio-isla trasunto de la propia individualidad y soledad de cada uno en el mundo, hasta la relación maestro-alumno y sus paralelismos con la relación padre-hijo).

 

– Para cinéfilos interesados en las enseñanzas budistas.

– Imprescindible para cualquiera que quiera aprender algo sobre la naturaleza humana y las experiencias que la moldean.

 

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