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1974

El director de “Grupo Salvaje” (1969) volvió a meter el dedo en la llaga de la censura con esta fábula violenta y cruda que planea por los tópicos del western (en una trama casi de cine negro) que tantas alegrías le habían dado en el pasado; Peckinpah llegó tarde al género, por medio de series de televisión como “El hombre del rifle” (1958-63) o largometrajes como “Duelo en la alta sierra” (1962), perfecto eslabón entre la época clásica del cine del oeste y las nuevas tendencias que dominarían el género en décadas posteriores. Calificado en su momento de sádico e irracional, el film propone una historia de cazarrecompensas, venganzas y tipos muy duros en un ambiente sucio y sudoroso; todo enmarcado en una atmósfera de violencia lírica, rabiosa y sofocante. Uno de los ejemplos paradigmáticos del cine de acción de autor que tanto proliferó en la época gracias a gente como Arthur Penn o Don Siegel.

La hija de El Jefe (Emilio Fernández), un terrateniente mexicano, se ha quedado embarazada de un tal Alfredo García. Por ello ofrece un millón de dólares a quien le lleve su cabeza. Sappensly (Robert Webber) y Quill (Gig Young) son dos cazarrecompensas que ha de aliarse con Bennie (Warren Oats), un tipo que dice saber donde se encuentra Alfredo García.

Rodada en un México anacrónico y excesiva en sus formas (en su uso de estereotipos de género), “Quiero la cabeza de Alfredo García” va in crescendo hasta un final tan increíble como efectivo; un brutal ‘tour de force’ con un soberbio Warren Oats dando un recital de misoginia, nihilismo, cinismo y delirio, que eleva hasta el infinito el nivel de esta road movie fronteriza y agresiva (además de poseer una belleza testosterónica y fatalista). Osada, desafiante, influyente y contundente, esta película (que fue un fracaso en el momento de su estreno, pero se ha revalorizado con el tiempo) es la obra de un director que representa el polo opuesto del clasicismo de John Ford o Howard Hawks (John Wayne lo detestaba); alguien cuyos héroes eran habitualmente perdedores misóginos, alcoholizados y pendencieros, carentes de glamour y moralmente reprochables.

 

– Para nostálgicos del western moderno violento y amoral.

– Imprescindible para conocer un destacado peldaño de la violencia cinematográfica.

 

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