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Billy Wilder - 1953 - 'Traidor en el infierno'“Traidor en el infierno” es la primera de las ácidas y atrevidas comedias que se convirtieron en el sello particular de Billy Wilder (aunque su crítica irónica, su sarcasmo y su humor negro ya se podían disfrutar en “El crepúsculo de los dioses”, 1950, o “El gran carnaval”, 1951). En ellas mezcla elementos humorísticos con los temas más escabrosos y delicados (la mafia y el travestismo en “Con faldas y a lo loco”, 1959; la prostitución en “Irma la dulce”, 1963; el capitalismo y el comunismo en “Un, dos, tres”, 1961; o las estafas a los seguros en “En bandeja de plata”, 1966). En este caso son los campos de concentración durante la 2ª Guerra Mundial (todo toma un cariz de ‘ajuste de cuentas’ al saber que parte de la familia de Wilder murió en Auschwitz) el objeto de su ingenio, de su saber hacer y de sus recursos temáticos y narrativos al servicio de un argumento en la que conviven en un entorno de cine bélico, con equilibrio maestro, la comedia más divertida con el drama.

Stalag 17 es el nombre del barracón del campo de prisioneros alemán en el que se encuentran presos más de 600 oficiales del ejercito estadounidense. Tras la huida fallida de dos de ellos y su posterior ejecución, comienzan a sospechar que alguien está informando a los alemanes; y el más sospechoso es el impasible sargento Sefton (William Holden).

Un magnífico guión repleto de diálogos punzantes y situaciones atractivas, un reparto estupendo y una capacidad de parodia que no ha sido igualada convierten este film en uno de los mejores de la, plagada de obras maestras, carrera del versatil Billy Wilder. El director austriaco se quita las pretensiones y la ínfulas de trascendencia a base de chistes inteligentes, logrando profundizar en la pérdida de libertad y en los enfrentamientos armados con una ligereza que no merma el mensaje, sino que lo hace mucho más replicable y asimilable. Cine de divulgación social y humana o sobresaliente comedia bélica (o carcelaria, según se mire), lo cierto es que no importa cuando se puede disfrutar como un enano con ella.

 

– Para quien sepa reírse hasta de lo más serio.

– Imprescindible para familiarizarse con ese optimismo crítico que emanaba del cine de Wilder.

 

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