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Kimberly Peirce - 1999 - 'Boys Don't Cry'El debut en el largometraje de Kimberly Pierce (que no ha logrado repetir el éxito con “Stop-loss”, 2008, o “Carrie”, 2013) se convirtió en una de las grandes sorpresas del año y sirvió como broche inmejorable con el cerrar la mejor década que ha vivido el cine independiente americano. Pierce nos introduce de una manera cruda y opresiva en una historia (real) de búsqueda de la identidad sexual; de una manera pesimista y valiente Pierce nos presenta la odisea de su atormentada heroína, que ha de enfrentarse a una sociedad intolerante, desilusionada e ignorante que la ve como un monstruo. Con la estructura de una tragedia romántica clásica (en la línea de Tristán e Isolda o Romeo y Julieta), “Boys don’t cry” Pierce denuncia la homofobia y el miedo a lo diferente, la ignorancia y la marginación de la América profunda; a la vez que confecciona unos retratos psicológicos que tienen en las dos exaustivas interpretaciones protagonistas su mejor baza.

Teena Brandon (Hilary Swank, que logró su primer Oscar a la mejor actriz) es una joven que vive con su hermano en una caravana, aunque sus inclinaciones lésbicas comienzan a traerle problemas. Teena decide trasladarse a un pueblo de Nebraska y comenzar a vivir como un chico. Allí hará amigos y conocerá a Lana Tisdel (Chlöe Sevigny), de la que se enamorará.

La calidad del film reside tanto en su complejidad y profundidad conceptual (que admite diversas lecturas psicoanalíticas, sociales o filosóficas) como en su estilo cinematográfico, que bebe visual y temáticamente de la obra de John Cassavetes, Arthur Penn o Martin Scorsese, llevando a su terreno ciertos valores del cine clásico de los 50 (Swank interpreta a una suerte de James Dean, un rebelde que se niega a doblegar su identidad). Sea una llamada de atención hacia la necesidad de una libertad sexual plena, una crítica al tradicionalismo más rancio de la América profunda, una parábola sobre los costes de ser lo que uno siente que es, una historia de amor imposible o un ejercicio de estilo, lo cierto es que “Boys don’t cry” es una de esas películas difíciles de olvidar.

 

– Para interesados en la época dorada del cine independiente americano.

– Imprescindible para cinéfilos comprometidos con las reivindicaciones transgénero.

 

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