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Jack Arnold - 1957 - 'El increible hombre menguante'El artesano de la Serie B Jack Arnold logró respeto sobre todo por sus incursiones en el cine de ciencia-ficción (“Llegó del más allá”, 1953, “La mujer y el monstruo”, 1954; o “Tarántula”, 1955), género en el que “El increíble hombre menguante” supuso toda una revolución gracias a sus efectos especiales (basados en cuidadas superposiciones y un atrezzo de tamaño aumentado) y sus ingeniosas maneras de hacer de su bajo presupuesto una virtud. Con un sencillo argumento (Richard Matheson, autor de “Soy leyenda” o “Más allá de los sueños”, adaptó su propia novela) abierto a diversas interpretaciones (¿una parábola, impregnada de un darwinismo inverso, sobre la condición humana?), el film constituye una odisea contada a través de una serie de secuencias algo deslavazadas que, si bien hoy día pueden resultar algo ingenuas, poseen el suficiente carisma y espíritu del cine fantástico de los años 50 como para convertirlo en entrañable cine de culto.

Scott Carey (Grant Williams) es un hombre de negocios que mientras pasa las vacaciones con su esposa (Randy Stuart) en un barco se ve envuelto por una extraña niebla radioactiva. Conforme pasa el tiempo, Scott va notando que parece estar encogiendo. Cada vez su tamaño es más anormalmente pequeño, hasta el punto de que cualquier leve peligro puede significar para el un peligro mortal.

Las aventuras del desgraciado protagonista también se pueden leer como una reflexión sobre la progresiva pérdida de identidad humana dentro de la alienante sociedad moderna, un mundo incesantemente cambiante ante el cual el hombre ha de adaptarse o morir. Matheson y Arnold confeccionan también un creíble retrato psicológico en el que apreciamos la evolución de la personalidad del protagonista (una especie de retorno a un estado más primitivo y menos contaminado por medio de la reducción de escala) y como este se va viendo afectado por los problemas de marginación que va sufriendo (una marginación que al principio es social, pero progresivamente se va convirtiendo en algo meramente natural: ‘el pez grande se come al pequeño’).

 

– Para los que lo único que echan de menos en el cine de Ed Wood es que las películas fuesen mínimamente buenas.

– Imprescindible para los coleccionistas de joyas del fantástico de la era dorada de Hollywood.

 

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