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Renny Harlin - 1990 - 'Las aventuras de Ford Fairlane'“Las aventuras de Ford Fairlane” fue la triunfadora en 1991 de los premios Razzie (que premian lo peor del año), logrando los galardones a la peor película, peor guión y peor actor; además fue un fracaso estrepitoso de taquilla que truncó los deseos del productor Joel Silver (responsable de “Arma Letal”, 1988, de Richard Donner, “Depredador”, 1987, o “La jungla de Cristal”, 1988, ambas de John McTiernan) de colocar a Ford Fairlane al frente de otra franquicia millonaria que mezclase acción y comedia. Aún con su condición de fallido cine comercial, el film de Renny Harlin (“Pesadilla en Elm Street 4: El amo del sueño”, 1988, o “La jungla 2 (Alerta roja)”, 1990) se ha convertido con el tiempo en un divertidísimo film de culto gracias a un argumento sin pies ni cabeza que parte de los estándares del cine negro, un reparto nefasto pero carismático (con solo un par de actores de verdad), una atmósfera de cómic testosterónico y desenfadado, una banda sonora que mezcla New Wave con Hard Rock (de Yello a Billy Idol) y un humor repleto de referencias musicales y gags burdos.

Ford Fairlane (el ofensivo monologuista Andrew Dice Clay) es un cínico y machista detective de Los Angeles especializado en la industria musical. Un día recive el encargo de un antiguo amigo de encontrar a su hija descarriada, una joven que se hace llamar Zuzu Petalos (Maddie Corman). Zuzu Petalos es ‘groupie’ de Bobbie Black, el recientemente fallecido cantante de un famoso grupo de Heavy.

Sin duda uno de los máximos responsables del éxito de “Las aventuras de Ford Fairlane” en España fue el gamberro doblaje de Pablo Carbonell (como el mujeriego detective rocanrrolero), que a pesar de traer a terreno español algunos de los chistes logró introducir muchas frases en el subconsciente colectivo cinéfilo de los jóvenes de principios de los 90 (el público adulto a penas prestó atención a esta reivindicable estravagancia vocacionalmente paródica); aunque tampoco hay que denostar la verborrea chulesca de Andrew Dice Clay de la versión original. Una auténtica delicia trepidante y cargada de tópicos no recomendada para espectadores sin demasiado sentido del humor.

 

– Para amantes de los personajes de cómic de carne y hueso.

– Imprescindible para interesados en el más denostado cine de culto de los 90.

 

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