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Stanley Kubrick - 1962 - 'Lolita'Con la colaboración del propio Nabokov (autor de la novela), el cual escribió el guión, Stanley Kubrick se propuso demostrar, tras la superproducción “Espartaco” (1960), que era un autor arriesgado, talentoso y diferente. La polémica estaba servida con este sugerente y algo perturbador drama de erotismo subliminal que ahonda en las obsesiones humanas y en la belleza prohibida de lo joven e inocente (y puede ser visto como una subversión del esquema de ‘amor imposible’). La censura comenzó a protestar por el contenido ‘perverso’ de “Lolita” desde que comenzó el rodaje del film (de hecho fue estenado bajo la clasificación ‘X’), lo que impidió que Kubrick pudiese desplegar muchos aspectos de la enfermiza atracción erótica del protagonista, coartando las intenciones del director y a la vez dotando al film de una rara sensación de desasosiego y ocultación (como si todo lo que viesemos tuviese segundos sentidos).

Humbert Humbert (perfecto James Mason) es un profesor que alquila una habitación a Charlotte Haze (Shelley Winters) en un pequeño pueblo de New Hampshire. Humbert queda prendado de Lolita (Sue Lyon), la hija de 14 años de Charlotte. Humbert decide entonces casarse con Charlotte para poder estar junto a Lolita. Pero todo se volverá más turbio con la muerte de la madre y la aparición del oscuro Clare Quilty (secundario jugoso para Peter Sellers).

Contada en forma de flashback y con ciertas variaciones respecto a la novela (la edad de Lolita pasa de 12 a 14 años), “Lolita” es todo un símbolo del cine valiente, inteligente y de calidad cargado de celos, traumas, inseguridades, algo de humor y algunas escenas inolvidables (cuando Lolita le da el huevo frito a Humbert o la imagen de Sue Lyon tomando el sol en el jardín). A Stanley Kubrick no le importaba pasar por encima de algunos tabúes con el fin de profundizar en aspectos de la mente humana que, a pesar de estar presentes en el subconsciente colectivo, no habían sido tratados con la complejidad y la profundidad que merecían; y muestra de ello es esta obra maestra de la provocación.

 

– Para los que gusten mirar en el deseo humano sin prejuicios ni connotaciones morales.

– Imprescindible para cinéfilos aficionados a la psicología más freudiana.

 

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