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Tom Tykwer - 1998 - 'Corre Lola Corre'Aunque ya había destacado con sus primeras obras en ciertos festivales europeos (como Gijón, Locarno o Tesalónica), fue con este thriller videoclipero con argucias metalingüisticas y ritmo frenético con el que Tom Tykwer (“El perfume, historia de un asesino”, 2006, o “El atlas de las nubes”, 2012) logró el unánime reconocimiento internacional. La teoría del caos, el efecto mariposa y la indeterminación, la relación causa-efecto o el libre albedrío son los temas sobre los que Tykwer teje un film de acción posmoderna, filosófico y pop, tan alucinado y delirante como complejo y profundo. Tykwer consigue aunar con frescura una narración electrizante liberada de las cadenas del espacio-tiempo; una original propuesta estética entre el anime, la ciencia-ficción conceptual y los video-juegos; y un trasfondo temático que va desde la reflexión sobre el destino y las elecciones que tomamos hasta el homenaje cinéfilo a films como “Vértigo” (Alfred Hitchcock, 1958) o “2001: una odisea del espacio” (Stanley Kubrick, 1968).

Lola (Franka Potente) tendrá que salvar a su torpe novio ladrón de poca monta (Moritz Bleibtreu) consiguiendo en 20 minutos cierta cantidad de dinero que este debe a un gangster. Lola lo intentará, pero si no lo consigue tendrá otra oportunidad gracias al recurso narrativo de la vuelta atrás en el tiempo, del tiempo como entidad cíclica (representada con una serie de ‘espirales’ que remiten al citado film de Hitchcock).

Tal vez “Corre Lola, corre” sea un experimento cinematográfico, pero es uno de los más entretenidos experimentos del cine moderno; con una banda sonora (en la que se mezcla la música electrónica con clásicos de cámara) que funciona como parábola del propio film, rítmico y repetitivo; y una actriz que se merece su apellido. Tykwer no se muestra muy radical en el apartado temático (soluciona el debate entre la libertad y el determinismo con una perspectiva integradora), pero logra un ejercicio cinematográfico extremo en otros apartados, pegando al espectador a la pantalla con su sencillo argumento, montado y remontado, reinterpretado y revisitado.

 

– Para quien busque un “Crank” metafísico.

– Imprescindible para quien no quiera dormirse con una película.

 

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