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Arthur Penn - 1966 - 'La jauría humana'Famoso por su condición de estilista de la violencia, Arthur Penn (al año siguiente rodaría su obra cumbre: “Bonnie & Clyde”) fue un complejo artesano cargado de intención y crítica social que tuvo en “La jauría humana”, debido a la crudeza y la sordidez de la propuesta, uno de sus grandes batacazos en taquilla (su trayectoria está plagada de éxitos atípicos como “El milagro de Ana Sullivan”, 1962, o “Pequeño gran hombre”, 1970). El ambiente degenerado y decadente de un pueblo sureño corroido por la degradación moral de sus habitantes no gustó mucho al público estadounidense, que tal vez vio reflejados en la pantalla sus instintos más deleznables. El envenenado y agresivo guión de Lilian Hellman (basado en una obra de Horton Foote) es una crítica voraz a la actitud de rechazo de la sociedad americana hacia el progresismo ideológico o a la integración racial; una cruel y trágica reflexión en torno al miedo al cambio y la diferencia.

La historia sigue a diferentes personajes durante una noche en un pequeño pueblo del sur de EE.UU.; la que la tensión irá ‘in crescendo’ hasta alcanzar una fatídica espiral de violencia, el sheriff (un estupendo Marlon Brando) será el guardián de cierta corrección moral en este relato coral donde encontramos a Robert Redford, Angie Dickinson, Robert Duvall, James Fox o un inolvidablemente odioso Richard Bradford.

El venenoso guión de Lillian Hellman (escritora y dramaturga adelantada a su tiempo, recluida en la televisión durante más de dos décadas por sus ideas políticas), que adaptaba una obra de Horton Foote, rastreaba el origen de la violencia, desde las frustraciones individuales hasta el anonimato de las multitudes; tejiendo una maraña argumental que recorre la sensación de odio que habita en distintas clases sociales y personas. Hellman y Penn abordan la revolución ideológica de finales de los años 60 desde la putredumbre de la sociedad, hablándonos de racismo, infidelidad, justicia, integridad e ignoracia siempre en clave moral (pero con un distanciamiento que crea inquietud en el espectador, como en la turbadora escena del asalto a la comisaría.

 

– Para los que quieran saber a qué llamaban cine violento en 1966.

– Imprescindible para los que gustan de mezclar Tennessee Williams con Don Siegel.

 

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