CINEBLOG.NET

 

Byron Haskin - 1953 - 'La guerra de los mundos'Tras varias décadas como director de fotografía especializado en efectos visuales (fue nominado al Oscar en el apartado de efectos especiales en cuatro ocasiones), Byron Haskin comenzó una carrera como realizador que lo llevó a convertirse en uno de los grandes del cine de género, moviéndose igual de bien en las aventuras exóticas de “Cuando ruge la marabunta” (1954) o “La isla del tesoro” (1950), el perturbador cine negro de “Demasiado tarde para lágrimas” (1949) o la ciencia-ficción en films como “La conquista del espacio” (1955), “Robinson Crusoe de Marte” (1964) o este clásico de las invasiones extraterrestres a golpe de serie B basado en la novela de H.G. Wells; la cual sirve de herramienta perfecta para confeccionar una parábola sobre los temores de la Guerra Fría que tiene en unos magníficos, aunque añejos, efectos especiales (lograron el Oscar) y en un ritmo que no decae en ningún momento sus mejores bazas.

El doctor en física Clayton Forrester (Gene Barry) es testigo, durante unas vacaciones, del impacto de un meteorito; el cual resulta ser una nave espacial. No tardarán en caer meteoritos en todo el mundo, desplegándose un ejército marciano que parece querer exterminar la raza humana.

El productor y genio del ‘stop motion’ George Pal no consiguió repetir el éxito de “Cuando los mundos chocan” (Rudolph Maté, 1951), pero, a pesar de (o tal vez gracias a) resultar un tanto ingenua al público actual, dejó para la posteridad una de las grandes películas de ciencia-ficción de los 50; una década en la que la imaginación se impuso a los bajos presupuestos, a las interpretaciones de segunda y la falta de medios. Al final poco importa si los marcianos son una metáfora un tanto moralista de la invasión comunista a la que tanto miedo tenían los estadounidenses, “La guerra de los mundos” es un espectáculo entrañable y entretenido en el que dejarse llevar para disfrutar de las magníficas maquetas de Al Nozaki (esos poco ortodoxos aliens medio manta, medio cobra), de la envolvente banda sonora de Leith Stevens o de su poderoso clímax final.

 

– Para acercarse a la época dorada de la ciencia-ficción.

– Imprescindible para interesados en la historia de los efectos especiales.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies