CINEBLOG.NET

 

John Waters - 2000 - 'Cecil B. Demented'El insobornable y siempre refrescante realizador de Baltimore, John Waters, se puso al frente de una imaginada, alucinada e idealista banda armada de cineastas antisistema (Otto Preminger, Kenneth Anger, Sam Peckinpah, David Lynch, H.G. Lewis, Spike Lee, R.W. Fassbinder, Pedro Almodóvar y Andy Warhol) con esta incomprendida comedia negra en la que volvía a mezclar con una habilidad envidiable la crítica política-social-artística más irónica con ese humor entre ingenuo y transgresivo que tan buenos resultados le ha dado en films como “Polyester”  (1981), “Hairspray” (1988) o “Los asesinatos de mamá” (1994). Todo un espectáculo de terrorismo cinéfilo tan cargado de referencias como de intención, en el que arremete contra el cine como industria y rompe una lanza en favor de los fans del cine de género, de la serie B y el arte más descacharrante; abogando por el valor de las películas como instrumento de cambio social, como vía de expresión artística y como entretenimiento de primera.

Cecil B. Demented (Stephen Dorff) es el líder de un extravagante grupo de amantes del cine que pretenden hacer la película definitiva. Para ello, secuestran a Honey Whitlock (Melanie Griffith), una rutilante estrella de Hollywood, tan superficial como intratable. En el desarrollo del alocado rodaje, Honey irá adquiriendo cada vez más simpatía por sus secuestradores.

John Waters parece hablarnos, no solo del deplorable estado en el que se encuentra el cine hollywoodiense (con divertidos gags a costa de las secuela innecesarios o el cine lacrimógeno), sino también de la ‘familia’ que se crea en torno al rodaje de una película; técnicos, actores, ayudantes, … comparten una situación que trasciende el simple trabajo (lo que parece ser la única manera de hacer un cine que vaya más allá del mero producto comercial); lo que en “Cecil B. Demented” se muestra con la irreverencia y el esperpento característico del director de “Pink Flamingos” (1972). Waters también introduce otra constante de su cine: la, siempre desprejuiciada y humorística, reflexión sobre los vicios, que en este caso parece funcionar como sinécdoque sarcástica de ese gran vicio que es el cine.

 

– Para amantes del terrorismo cinematográfico más desmelenado.

– Imprescindible para entender el espíritu cinematográfico de John Waters.

 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies