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Eugène Lourié - 1953 - 'El monstruo de tiempos remotos'Hay muchas cosas en “El monstruo de tiempos remotos” que la hacen destacar por encima de las numerosas muestras de cine de ‘bestias-gigantes-que-arrasan-una-ciudad’ que podíamos encontrar en los años 50. Para empezar, el film de Eugène Lourie (prestigioso director artístico, decorador y creador de efectos especiales que trabajó para Jean Renoir, Charles Chaplin o Samuel Fuller) fue el primero de su género, el primero en unir la premisa del clímax final de “King Kong” (Merian C. Cooper & Ernest B. Schoedsack, 1933) con la creciente paranoia nuclear producto de la Guerra Fría; anticipándose a “Japón bajo el terror del monstruo” (Ishirô Honda, 1954), el primer film de Godzilla, el cual está claramente inspirado en este. Además su argumento entre la ciencia-ficción, el terror y las aventuras (basado en un relato corto del gran Ray Bradbury), tan tópico como efectivo, se convertiría en un estándar cinematográfico (con ecos de “El enigma… de otro mundo”, 1951, de Christian Nyby) imitado hasta la saciedad.

Unas pruebas nucleares en el Círculo Polar Ártico despiertan a un dinosaurio que llevaba millones de años hibernado bajo el hielo. El único testigo es el físico Thomas Nesbitt (Paul Christian), aunque para que las autoridades lo crean el monstruo tendrá que sembrar el pánico por la costa este americana, en dirección a Manhattan.

Por otro lado tenemos unos ‘antidiluvianos’ pero entrañables (y aún muy disfrutables), e incalculablemente influyentes, efectos especiales de manos del que se convertiría en el gran gurú de la ‘stop motion’ Ray Harryhausen (y del propio Lourie), el cual no por casualidad había sido pupilo de Gordon Willis, mítico creador del King Kong de 1933. Puede que “El monstruo de tiempos remotos” sea ingenua, inverosímil y científicamente inexacta, pero también es uno de esos irresistibles placeres cinematográficos con encanto retro (¿a quién no loe gusta ver a un dinosaurio destrozando Nueva York?) que además condensaba entre líneas los terrores más recurrentes de aquellos EE.UU. obsesionados con las invasiones desconocidas y las consecuencias de la radioactividad.

 

– Para amantes del cine de ciencia-ficción de los 50.

– Imprescindible para interesados en la evolución de los argumentos cinematográficos a lo largo del siglo XX.

 

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