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Volker Schlöndorff - 1979 - 'El tambor de hojalata'Con un guión de Jean-Claude Carrière (colaborador habitual de Luis Buñuel) que adaptaba una novela del Premio Nobel Günter Grass, Volker Schlöndorff imprimió a esta historia profundamente simbólica la fuerza iconoclasta de sus films anteriores (como el excelente “El honor perdido de Katharina Blum”, 1975). Con trazos surrealistas (como su estupendo arranque), el film nos relata una historia atravesada por complejas reflexiones filosóficas, políticas y morales; un cuento iniciático que nos habla de la Europa del siglo XX, de sus ideologías, sus miedos y sus miserias. Así, “El tambor de hojalata” se convierte en una especie de film histórico desde el punto de vista de un atípico y ambiguo rebelde que, como todos, quiere ser diferente (pero se encuentra con ese rodillo unificador que era el nazismo). Drama, guerra, erotismo e incluso comedia, se dan la mano en este clásico moderno del cine del viejo continente que logró la Palma de Oro en Cannes (compartida con “Apocalypse Now”) y el Oscar a la mejor película extranjera.

Al llegar a los tres años, en la Alemania de 1927, Oskar (un inolvidable David Bennent) descubre que su madre engaña a su padre. Desilusionado con las falsas apariencias y la hipocresía de los adultos, decide dejar de crecer. Sin separarse de su querido tambor, Oskar irá descubriendo el mundo y a sí mismo a la vez que que es testigo del ascenso al poder del partido nacionalsocialista de Hitler.

Aunque irregular en sus formas (que van desde el realismo mágico felliniano hasta cierto ambiente expresionista y bufonesco) debido a la gran cantidad de material (concreto y abstracto) que pretende plasmar, este enésimo film sobre el consabido ‘huevo de serpiente’ (el origen social e histórico de la ideología nazi) que tuvo problemas con la censura USA contiene algunas escenas memorables (como la escatológica pérdida de la virginidad de Oskar), una meticulosa realización que no pasa desapercibida, una original concepción estética recorrida por ciertos iconos germánicos y un valor incalculable como parábola de la ‘era de los totalitarismos’.

 

– Para cinéfilos simbólicos interesados en la apatía existencial.

– Imprescindible para historiadores con fijación en la infancia.

 

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