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John Carpenter - 1988 - 'Están vivos'La serie B siempre le ha sentado estupendamente a este artesano que sueña con el Far West y rueda pelis de monstruos, asesinos y futuros distópicos Con un presupuesto ridículo (unos 4 millones de dólares) para un director que había parido innumerables éxitos de taquilla (desde “La noche de Halloween”, 1978, a “Golpe en la Pequeña China”, 1986), Carpenter dirigió este film de culto con el que cerraba un ciclo en su filmografía (en los 80 rodó su película más reputada: “La Cosa”, 1982; y creó a su personaje más popular: Snake Plissken en “1997: Rescate en Nueva York”, 1981). Basándose en el relato corto “Eight O’Clock in the Morning” del escritor y dibujante Ray Nelson, el creador de Michael Myers confeccionó una historia pulp de ciencia-ficción con trasfondo que tan sencilla como contundente; una reflexión crítica sobre la alienación en la sociedad moderna en la que las conspiraciones interdimensionales y la exclusión social se dan la mano con la lucha libre y la acción más desmelenada.

John Nada (Roddy Piper, ‘el gaitero’ de la WWF), es un trotamundos en paro que consigue trabajo como albañíl en Los Angeles. Allí conoce a Frank (Keith David) que lo lleva al poblado de donde vive junto a familias desahuciadas e indigentes. En una iglesia frente al poblado, John descubre unas gafas de sol que lo hacen ver el mundo de una manera muy distinta.

Pocas veces se ha combinado con tanto desparpajo el espíritu fresco, desprejuiciado e improbable del cine de serie B con una parábola social (que aún está totalmente vigente) en la que se incita a las masas adormecidas a tomar las riendas de sus propias vidas, eliminando con violencia (al más puro estilo del cine de acción de los 80) a esos extraterrestres (élites económicas y de poder) que se esconden tras policías, políticos o medios de comunicación; invasores interplanetarios que condenan a la raza humana a la pobreza y la miseria. En definitiva, una idea estupenda que Carpenter pasa por su propio prisma, regalándonos una joya del pastiche de géneros que indigna a los críticos más serios pero entretiene y hace pensar como pocas.

 

– Para todo amante de la serie B con mensaje.

– Imprescindible para los completistas del cine de culto de los 80.

 

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