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Incidente en Ox-BowSuperviviente del cine mudo (en el que había triunfado con superproducciones como la oscarizada “Alas”, 1927) y prototipo del director profesional de raza, William A. Wellman hizo excelente cine de gangsters (“El enemigo público”, 1931), clásicos del cine bélico (“Fuego en la nieve”, 1949) y de aventuras (“Beau Geste”, 1939), y, por supuesto westerns. Pero “Incidente en Ox-Bow” no es una película del oeste al uso, sino un brutalmente realista retrato psicológico que escarba en los más oscuros rincones de la psique humana. Rodada pricipalmente en interiores para intensificar la atmósfera claustrofóbica y la inevitable tensión creciente, y con poco respeto hacia los cánones del género (al público de la época no le gustó mucho que no hubiese historia de amor ni duelos al sol), “Incidente en Ox-Bow” trasciende su género para posicionarse con respecto a una lacra social que aún no había desaparecido en los EE.UU. de los años 40: los linchamientos.

Gil (Henry Fonda) y Art (Harry Morgan) son dos ganaderos por temporadas que llegan al saloon de un pequeño pueblo de Nevada para tomar unas copas y ver a la antigua amante de Gil. La llegada de la noticia de que un ranchero llamado Larry Kinkaid ha sido asesinado alterará a la gente del pueblo, lo que los lleva a formar un grupo y salir a buscar a los responsables del crimen.

“Incidente en Ox-Bow” bien podía haber estado ambientada en un suburbio de Nueva York (de hecho contiene ciertos rasgos del cine negro) o en un paraje apocalíptico; el salvaje oeste no es más que una mera excusa para hablarnos de la naturaleza humana y del pensamiento colectivo, desentendiéndose de las heróicas aventuras y la épica americana del cine del oeste de los años 30 (adelantándose casi una década a otras obras maestras del western psicológico como “Solo ante el peligro”, 1952, de Fred Zinnemann, o “Johnny Guitar”, 1954, de Nicholas Ray).  Cine moral, atrevido y rodado con maestría, comprometido, contundente, complejo y necesario, que demostraba que no hacía falta un gran presupuesto para hacer una gran película.

 

– Para amantes del cine denso, oscuro, realista y cruel.

– Imprescindible para los que saben que en poco más de una hora se puede contar una historia compleja y de calidad.

 

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