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Joseph L. Mankiewicz - 1972 - 'La huella'Estupendo director y mejor guionista, Joseph L. Mankiewicz cerró una filmografía de más de cuatro décadas repletas de clásicos (“El fantasma y la Sra. Muir”, 1947, “Eva al desnudo”, 1950, o “De repente, el último verano”, 1959) con esta obra maestra del giro argumental, tramposa y repleta de rompecabezas. Anthony Shaffer (guionista de algunos hitos de los 70 como “Frenesí”, 1972, de Alfred Hitchcock, o “Wicker Man”, 1973, de Robin Hardy) adaptó su propia obra teatral con soltura, mientras que Joseph L. Mankiewicz usó toda su experiencia al servicio de una puesta en escena que intensifica el juego de espejos, el drama psicológico y el suspense. La juguetona banda sonora de John Addison y el impagable duelo actoral entre los dos geniales protagonistas (ambos lograron ser nominados al Oscar, aunque fue Marlon Brando, por “El padrino”, quien lo logró aquel año) terminaban de redondear este thriller situacional cargado de mordaces diálogos y cambios de rumbo.

El escritor de novelas de intriga Andrew Wyke (Laurence Olivier) se reune en su casa de campo con Milo Tindle (Michael Caine), un estilista de éxito que tiene una aventura con su mujer. Andrew no parece molesto por la infidelidad; al contrario, propone a Milo que para poder dar a su mujer la vida a la que está acostumbrada deben cooperar para fingir el robo de unas joyas; con lo que ambos saldrán ganando.

Normalmente si pensamos en un film un tanto teatral (medio al que Mankiewicz recurrió en numerosas ocasiones), de más de dos horas, con casi solo dos personajes y un único escenario, pensamos que será una retahíla de diálogos en busca del sentido de la vida o un metadiscurso sobre el arte; pero “La huella”, bebiendo de las elaboradas y macabras novelas de misterio de Agatha Christie se centra en confeccionar un estimulante ‘juego de el gato y el ratón’, en crear en el espectador una sensación de sospecha ante cualquier cosa que aparezca en pantalla, en entretener más que en reflexionar sobre los conceptos de verdad y mentira (aunque también hay algo de esto) y en delimitar unos personajes tan complejos como sorprendentes.

 

– Para los que gustan de predecir el final de una película en cuanto empieza.

– Imprescindible para los coleccionistas de trampas narrativas.

 

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