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John Waters - 1994 - 'Los asesinatos de mamá'Aunque en EE.UU. no tuviese la repercusión de sus anteriores films (“Hairspray”, 1988, y “Cry-Baby (El lágrima)”, 1990), un tanto edulcorados con respecto a sus odiseas underground de los 70 (“Pink Flamingos”, 1972, o “Desperate Living”, 1977), en Europa si que supieron verle la gracia a esta crítica sangrante (nunca mejor dicho) a uno de los fundamentos de la sociedad occidental: la familia nuclear. Waters vuelve a sumergirnos en esa América en la que la apariencia de normalidad y perfección esconde actos inconfesables y los más bajos instintos; desplegando una serie de gags y situaciones en los que el sexo, la escatología y la provocación ponen de relieve la hipocresía de la sociedad, de los medios de comunicación o del sistema penal (Waters no deja títere con cabeza); y perfilando un retrato psicológico repleto de humor negro y mala leche que subvierte los valores básicos tanto del cine como del mundo real.

Beverly Sutphin (una muy adecuada Kathleen Turner) es un ama de casa modelo, con un marido dentista (Sam Waterston) y un par de hijos adolescentes (Matthew Lillard & Ricki Lake). Pero además de cocinar, limpiar la casa y hacer los recados concienzudamente, Beverly esconde un secreto: asesina gente por las razones más triviales. Pero la policía comienza a sospechar de la impecable madre de familia.

Aunque el espectador menos entrenado pueda confundir “Los asesinatos de mamá” con una simple comedia alocada y rara, de argumento ridículo e improbable y actuaciones afectadas; el film va mucho más allá de eso, erigiéndose como un divertidísimo esperpento políticamente incorrecto y sarcásticamente ofensivo con el que el director de Baltimore volvía a ponerse del lado de los incomprendidos, de los jóvenes, de los criminales, en definitiva de los marginales de la sociedad; allanando el camino para joyas más que disfrutables como “Pecker” (1998) o “Cecil B. Demente” (2000) además de exponer sin prejuicios los ideales culturales y sociales de Waters (esa afinidad con el gore, el punk, el sexo menos convencional o cualquier cosa considerada peligrosa o prohibida).

 

– Para cualquiera que piense que todo el cine americano está pagado de sí mismo.

– Imprescindible para quien no conozca la irreverente obra de John Waters.

 

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