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Mario Camus - 1984 - 'Los Santos Inocentes'El guionista y director Mario Camus (“La colmena”, 1982, o “La casa de Bernarda Alba”, 1987) consiguió adaptar a la perfección la novela de Miguel Delibes (aunque eliminando situaciones y personajes) conservando todo el espíritu de la España profunda de los años 60. Un plantel de actores en estado de gracia (Alfredo Landa y Francisco Rabal compartieron la Palma al mejor actor en el Festival de Cannes) elevan la calidad del film hasta las nubes, llegando a hacer olvidar al espectador que está viendo una película de ficción, sumergiéndolo en ese ‘mundo real’ lleno de injusticias y miserias. Crítica dura e inteligente al feudalismo velado de los ‘señoritos’ y a la incultura y la resignación de las clases bajas, que viven en perpetuo estado de humillación y esclavitud; “Los santos inocentes” es además una lección cinematográfica de veracidad, profundidad y técnica que bebe de las tendencias más realistas del cine como instrumento de concienciación social.

Paco (Alfredo Landa) y Régula (Terele Pávez) son un matrimonio con tres hijos que trabajan en una finca a las órdenes del señorito Iván (Juan Diego), el cual los trata prácticamente como animales. Paco y Régula acogerán en su casa (dentro de la finca) al hermano de ella (Francisco Rabal), un disminuido mental que ha sido despedido del cortijo donde trabajaba.

Camus no solo trasladó perfectamente al cine la crítica al caciquismo y al retrógrado sistema de ‘castas’ (y desde un punto de vista más amplio al franquismo, al fascismo, a los totalitarismos), sino que también optó por una austeridad estética y narrativa que se adecuaba a la simplicidad casi vanguardista del estilo de la novela. Contundente, cruel y emotivo drama social que se convirtió de inmediato en uno de los films españoles más taquilleros de la historia, en una época de aperturismo cultural e ideológico que en el fondo aún escondía injusticias como las que se cuentan en el film. Pero también es “Los santos inocentes” un profundo retrato psicológico, humano, naturalista y exento de efectismos y caricaturas que nos dejó para la posteridad ese inolvidable Azarías soberbiamente interpretado por Rabal.

 

– Para quien aún no haya visto una de las cumbres del cine español de todos los tiempos.

– Imprescindible para los interesados en la historia española reciente.

 

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