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Peter Bogdanovich - 1972 - 'Qué me pasa doctor'La cinefília galopante de Peter Bogdanovich lo llevó (tras el nostálgico homenaje cinéfilo de “La última película” y el documental-entrevista “Dirigido por John Ford”, ambas de 1971) a hacer uno de los más desternillantes homenajes a la comedia de enredo clásica. Con el recuerdo omnipresente de “La fiera de mi niña” (Howard Hawks, 1938), Bogdanovich y su equipo de carismáticos guionistas (Buck Henry, David Newman y Robert Benton) tejen una trama tan alocada como divertida, plagada de impagables secundarios, ingeniosos diálogos llenos de dobles sentidos y situaciones descabelladas que inevitablemente terminan en carcajadas. Pero no solo de la ‘screwball comedy’ bebe “¿Qué me pasa doctor?”, en ella encontramos referencias al cine clásico (de “El acorazado Potemkin”, 1925, de Sergei M. Eisenstein, a “Casablanca”, 1940, de Michael Curtiz), a los cartoons Warner (desde el mismo título) o, en un giro metareferencial, a películas protagonizadas por los actores (“Love Story”, 1970, de Arthur Hiller, o “Hello Dolly!”, 1969, de Gene Kelly).

Una serie de maletines iguales con los que diversos personajes van paseándose por un hotel de San Francisco son la clave de una serie de divertidas confusiones que irán intensíficándose hasta su explosivo clímax. Pero además no podían faltar la liante encantadora (Barbra Streisand) que hará la vida imposible al genio despistado de turno (Ryan O’Neal).

Esa cuadruplicación del ‘macguffin’ cómico, que son los maletines del argumento, como catalizador del caos y la comicidad; su ágil ritmo y su gran cantidad de gags (algunos de ellos memorables) que van desde el humor físico (sobre todo a cargo de un Ryan O’Neal que parece emular a Harold Lloyd) a los más tronchantes malentendidos; su magnífica, y también referencial, banda sonora; y su guión lleno de guiños (esa persecución final por las calles de San Francisco que mezcla el frenesí de “El mundo está loco, loco, loco” con las maneras de “Bullit”) son de por sí suficientes elementos para ver esta descacharrante y enloquecida obra de culto que te hará pasar un muy buen rato con una sonrisa en la boca.

 

– Para amantes incondicionales del enredo como leit motiv cómico.

– Imprescindible para los gourmets de la ‘screwball comedy’.

 

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