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Ron Clements & John Musker - 1992 - 'Aladdin'El resurgir de Disney a finales de los 80 estaba llegando a su cenit (la shakesperiana odisea animal “El rey león”, 1994, de Rob Minkoff & Roger Allers) cuando llegó “Aladdin”, un nuevo espectáculo deslumbrante, técnicamente complejo, narrativamente divertido y con una banda sonora que volvía a encumbrar a Alan Menken y a Howard Ashman (que había muerto debido al Sida el año anterior) como el compositor y el letrista más exitosos de la última década (habían logrado los oscars a la mejor banda sonora y a la mejor canción con “La sirenita”, 1989, de Ron Clements & John Musker, y con “La bella y la bestia”, 1991, de Gary Trousdale & Kirk Wise, y volvieron a repeteir con este film). A pesar de cierta polémica acerca de la sesgada visión del pueblo árabe, “Aladdin” se convirtió en un icono moderno, gracias a un caricaturesco diseño de personajes basado en el dibujante Al Hirschfeld, en los cartoons y en la caligrafía árabe, un ritmo digno de la mejor película de aventuras, un humor alocado y referencial y las típicas constantes de estilo de los productos Disney.

Aladdin es un joven ladronzuelo de buen corazón que sobrevive robando en el mercado. La princesa Jasmín, obligada a casarse antes de cumplir los 16 años, decide escaparse del palacio y es pillada en el mercado robando una manzana. Aladdín salvará a Jasmín de que le corten la mano sin saber que acaba de conocer a la princesa.

La frenética y verborréica interpretación vocal que Robin Williams hizo del Genio de la Lámpara fue otra de las claves del éxito de esta adaptación bastarda del relato de “Las mil y una noches”, en la que alfombras mágicas, una princesa activa que no busca ser rescatada, identidades falsas, maldiciones, magia, cierto discurso un tanto ingenuo sobre las clases sociales y la consecución del éxito y un protagonista a medio camino entre Tom Cruise y MC Hammer se combinan con solvencia (y a veces virtuosismo) junto a canciones ya míticas como ‘A Whole New World’, ‘Prince Ali’ o ‘Friend like me’. Un divertidísimo y estimulante ejemplo de lo que fue capaz la última gran época de la animación hollywoodiense en 2D.

 

– Para coleccionistas sin prejuicios de los clásicos modernos de la animación.

– Imprescindible para interesados en la historia de la siempre polémica pero adorada factoría Disney.

 

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