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Lars Von Trier - 2000 - 'Bailar en la oscuridad'El director danés (controvertido fundador del Dogma95) volvió a dar en el clavo con este cruel drama musical protagonizado por la cantante islandesa Björk. Como los films anteriores (junto a “Rompiendo las olas”, 1996, y “Los idiotas”, 1998, forma la llamada ‘trilogía del corazón dorado’) “Bailar en la oscuridad” es un drama sin concesiones, repleto de agobiantes y claustrofóbicos sentimientos y situaciones que buscan la respuesta emocional del público. La desoladora historia de una inmigrante checa medio ciega es adornada con suaves y elegantes números musicales respetando todo lo posible las reglas del Dogma (cámara en mano, sin filtros, sin sonido pregrabado, …) y creando toda una experiencia cinematográfica falsamente minimalista. Von Trier, siempre incómodo y contestatario, proseguía su ascendente nivel de controversias al adentrarse en uno de los puntos negros de la sociedad americana: la pena de muerte, lo errores judiciales y la ejecución de inocentes.

Durante los años 60, en EE.UU., Selma (Björk) es una joven que sufre una enfermedad que le provoca una ceguera progresiva. Antes de quedarse ciega del todo, Selma intenta ahorrar todo el dinero posible para operar a su hijo, y que este no pase por la penurias que ha tenido que pasar ella.

Lars Von Trier construye sus número musicales en torno a las alucinaciones que tiene la protagonista (rodadas con cámara estática y colores brillantes), homenajeando, como buen cinéfilo, algunos de los grandes hitos del cine musical clásico (de “Siete novias para siete hermanos”, 1954, de Stanley Donen, a “Dinero caído del cielo”, 1981, de Herbert Ross, pasando por “Los paraguas de Cherburgo”, 1964, de Jacques Demy); y sumergiéndonos en un mundo onírico en el que la etérea voz de la islandesa nos transmite una compleja tristeza y una impotencia demoledora. Su estupendo reparto de impagables secundarios característicos (David Morse, Peter Stormare, Zeljko Ivanek, Udor Kier o Joel Grey, oscarizado actor de “Cabaret”, 1972, de Bob Fosse) y sus atrevidas opciones estéticas (inseparables de sus aspiraciones metacinematográficas) redondean un film tan diferente como fascinante.

 

– Para cualquiera que no odie a Björk y ya sepa de qué va Von Trier.

– Imprescindible para los amantes del cine musical y del melodrama sensacionalista.

 

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