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Robert Aldrich - 1967 - 'Doce del Patíbulo'Aunque a menudo reconocido solo por su crudo tratamiento de la violencia, Robert Aldrich (“El beso mortal”, 1955, “¿Qué fue de Baby Jane?”, 1962, o “El vuelo del Fénix”, 1965) era un autor en toda regla que supo dotar de un brío particular films comerciales como este excepcional juego de guerra, plagado de rudas estrellas cinematográficas (muchos de ellos excombatientes), que reventó taquillas y transformó el cine bélico (podemos seguir el rastro de influencia hasta “Malditos Bastardos”, 2009, de Quentin Tarantino) con su irresistible tratamiento de las historias de comandos especiales. Pero además del carácter inconfundible que imprime Aldrich, parte del mérito lo tiene el ingenioso guión (basado en una novela de E.M. Nathanson), con su atractiva premisa argumental, escrito a cuatro manos por el veterano guionista, productor y director Nunnally Johnson (“Las uvas de la ira”, 1940, de John Ford) y Lukas Heller (colaborador habotual del director).

Al mayor Reisman (Lee Marvin), un distinguido oficial estadounidense en la Segunda Guerra Mundial, le es encomendada una peligrosa misión para acabar con una serie de altos mandos del ejército alemán. Su grupo estará formado por presidiarios que tienen la posibilidad de quedar libres si participan en la misión o enfrentarse a un pelotón de fusilamiento, aunque Reisman tendrá primero que entrenarlos.

Con un reparto impagable (además del carismático Lee Marvin están Charles Bronson, John Cassavetes, Ernest Borgine, George Kennedy, Donald Sutherland, Telly Savallas, Jim Brown o Robert Ryan), una pegadiza banda sonora de Frank DeVol y la controversia en torno a la violencia que rodeó su estreno, el film no podía más que convertirse en todo un éxito y en un hito del cine sobre la II Guerra Mundial, vibrante, amoral y muy entretenido. “Doce del patíbulo” hace del rol de antihéroe su auténtico motor, convirtiendo a un atajo de delincuentes, psicópatas y maníacos en los paladines de la libertad y creando una especie de malintencionada metáfora de la condición de ‘asesinos’ de los militares y soldados en general.

 

– Para cinéfilos que no necesiten preocuparse de la verosimilitud del argumento.

– Imprescindible para enganchados a los videojuegos bélicos.

 

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