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Dan O'Bannon - 1985 - 'El regreso de los muertos vivientes'Inspirándose en una historia de John A. Russo (coguionista de “La noche de los muertos vivientes”, 1968, que se separó de George A. Romero tras esta), los muertos vivientes aterrizaron en los años 80 con más humor, más descaro, más violencia y menos trasfondo (atrás quedaban las parábolas políticas y existenciales de Romero). A ritmo de punk rock y con un irresistible tono de comedia negra, Dan O’Bannon (guionista de hitos del cine de género como “Alien, el octavo pasajero”, 1979, de Ridley Scott, “Muertos y enterrados”, 1981, de Gary Sherman, o “Desafío total”, 1990, de Paul Verhoeven) mezcla el ‘canon zombie’ de Romero con la falta de complejos de sus herederos italianos (Lucio Fulci o Umberto Lenzi); añadiéndole detalles de la cultura popular ochentera para lograr un auténtico festival de vísceras y referencias que creó escuela (y cuya humorística sombra llega a films como “Braindead”, 1992, de Peter Jackson, o “Zombies Party”, 2004, de Edgar Wright).

Freddy (Thom Matthews) es un joven que comienza a trabajar con su tío en un almacén de productos sanitarios. Su tío le enseña unos extraños barriles del ejército que tienen en el sótano; pero por accidente sale el gas que contienen y quedan inconscientes. Al despertar se dan cuenta de que los muertos están volviendo a la vida.

El llamativo maquillaje y los efectos especiales (animatronics, marionetas y látex se mezclan con soltura), también intentan explotar el contenido jocoso de la propuesta; y la sencilla trama (de nuevo unos personajes sitiados) ayuda a que el espectador pueda centrarse en los aspectos más ociosos, divertidos y escabrosos del film (como ese medio perro disecado o convertir a los zombies en insaciables devoradores de cerebros). No estamos ante una obra maestra del cine de terror, pero si ante una de esas joyas del entretenimiento, pionera y desvergonzada, perfecta para una sesión de cine con los amigos. El éxito y el calado en la cultura de los 80 del film provocó que se rodaran dos irregulares pero entretenidas secuelas (“La divertida noche de los zombies”, 1988, de Ken Wiederhorn, y “Mortal Zombie”, 1992, de Brian Yuzna).

 

– Para amantes de la comedia de terror de los 80.

– Imprescindible para interesados en la historia del cine de muertos vivientes.

 

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