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Peter Brook - 1963 - 'El señor de las moscas'Excelente adaptación del clásico moderno del premio nobel William Golding a cargo del prestigioso director teatral Peter Brook (que también ha llevado obras al cine con cierto éxito como “Marat/Sade”, 1967, o “El Rey Lear”, 1971). El realizador inglés consigue llevar a su terreno la universal y atemporal carga conceptual y alegórica de la obra original. “El señor de las moscas” es una reflexión en forma de experimento sociológico accidental acerca de la dicotomía barbarie-civilización, y de cómo el paso de una a otra comporta la pérdida de la inocencia. El surgimiento de la sociedad desde el caos primigenio conllevará disputas, violencia y separación de clases en un festín de referencias sociológicas, filosóficas y morales que convierte el film en una de las parábolas más acertadas jamás vistas en el cine. Rodada con un estilo casi documental, despojado de artificios y en un realista blanco y negro e interpretada únicamente por niños, “El señor de las moscas” es un film de aventuras cruel y valioso para todas las edades.

Evacuados desde Inglaterra debido a la guerra, un grupo de niños de entre 6 y 14 años tienen un accidente de avión y van a parar a una isla desierta. Todos los adultos han muerto, así que deciden elegir un jefe y comenzar a organizarse asignando roles diversos a cada uno.

Al igual que en el libro de Golding, el film desarrolla una reflexión pesimista en torno a la condición humana, con un cierto aire abstracto y minimalista que lo emparenta con los cuentos infantiles con moraleja. “El señor de las moscas” propone que los instintos más indeseables del ser humano (al menos en la ‘sociedad civilizada’) son algo intrínseco a el, algo que forma parte de su naturaleza y que a la vez funciona como violento y descarnado pilar sobre el que construir una sociedad. El crudo trabajo fotográfico de Tom Hollyman, esa angelical canción de un coro de niños (‘Kyrie Eleison’ adquiere un peculiar tono siniestramente militar) y la inquietante evolución del argumento consiguen crear una atmósfera claustrofóbica y fatalista que se resuelve en un clímax final que parece decirnos que entre el salvajismo y la civilización hay una línea muy delgada.

 

– Para cualquier estudioso de la condición humana en sociedad.

– Imprescindible para los que han aguantado años de referencias a esta obra en películas y series sin conocerla.

 

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